Finé
La eterna novata
Me llamo Mar y voy a morir.
No sé cuántos días llevo aquí; dejé de hacer muescas en la pared el día 12.410, justo después de comprender lo absurdo de escapar.
He quemado libros, muebles, y fotografías de desconocidos- que ningún calor proporcionaban- cuando dolieron mis huesos granizados.
Tanta hambre vino que devoré insectos y mamíferos repugnantes. Luego, solo me alimenté de las ilusiones arrancadas a los contenedores de inertes, justo después de comprender lo absurdo de sobrevivir.
Tenía una cama, pero se la llevaron los hombres uniformados. Aquel día pasé mucho miedo. Tardé una semana en salir de mi escondite, donde las horas pasaron recordando a mis hermanos desaparecidos, el disparo que mató a mi padre, y el inventario macabro de todos a los que fui perdiendo, fechando su extravío a la izquierda de sus nombres.
Escuché los movimientos de los hombres buscándome durante todo ese tiempo que permanecí inmóvil. Al final, solo se llevaron mi cama. Ya no volví a dormir, justo después de comprender lo absurdo de soñar.
Perdí la razón, ovillada sobre un suelo que no reconocía. En el momento exacto en que expiró mi último pensamiento lógico, me encontraron.
Un tiro de gracia, justo después de comprender que yo era Mar, y que iba a morir.
No sé cuántos días llevo aquí; dejé de hacer muescas en la pared el día 12.410, justo después de comprender lo absurdo de escapar.
He quemado libros, muebles, y fotografías de desconocidos- que ningún calor proporcionaban- cuando dolieron mis huesos granizados.
Tanta hambre vino que devoré insectos y mamíferos repugnantes. Luego, solo me alimenté de las ilusiones arrancadas a los contenedores de inertes, justo después de comprender lo absurdo de sobrevivir.
Tenía una cama, pero se la llevaron los hombres uniformados. Aquel día pasé mucho miedo. Tardé una semana en salir de mi escondite, donde las horas pasaron recordando a mis hermanos desaparecidos, el disparo que mató a mi padre, y el inventario macabro de todos a los que fui perdiendo, fechando su extravío a la izquierda de sus nombres.
Escuché los movimientos de los hombres buscándome durante todo ese tiempo que permanecí inmóvil. Al final, solo se llevaron mi cama. Ya no volví a dormir, justo después de comprender lo absurdo de soñar.
Perdí la razón, ovillada sobre un suelo que no reconocía. En el momento exacto en que expiró mi último pensamiento lógico, me encontraron.
Un tiro de gracia, justo después de comprender que yo era Mar, y que iba a morir.
Última edición: