Teníamos la costumbre de saltar a la cama sin siquiera saludarnos. Las noches frías de agosto eran cálidas sobre su vientre. Quizá haya quien no entienda, quien piense que algunas mujeres no tienen corazón. A ellos les digo que no desprecien al amor. Que la vida nos puso en una encrucijada de noches oscuras y pasiones furiosas, de eso no hay discusión, pero que el amor solo se encuentra en el altar es también, una ilusión. Jamás tuvimos miedo de amar, yo estaba triste y solo, ella un poco más. Su corazón había salido a pasear un día y había olvidado regresar. Yo me quedaba a dormir con ella, a dormir en ella, e intentaba, de verdad lo intentaba. Pero ella no sabía, o se había olvidado. Llevaba en su espalda la carga de otros años, de otros rumbos, y nunca parecía descansar, nunca se entregaba al azar, de mis besos, mis caricias. Yo me quedé junto a ella, con la esperanza de... Con la esperanza. Pero ella nunca se dejó amar, nunca se entregó en cuerpo y alma, nunca fue más que lo que se animaba a ser. Y cuando al fin me fui, no volví a mirar atrás, porque sé, que un pequeño peso se sumó a su mochila, y que alguien más vendrá después de mi, y que quizá esa persona se quede. Porque verán, hay gente que piensa que algunas mujeres no tienen corazón, y que nunca podrán enamorarse, y que cuando alguien se va de sus vidas, simplemente olvidan.