versos rotos
La poesía es el cristal a través del que miro.
Todavía a veces, entre las sombras tempranas
en las que el sol alarga lánguidas siluetas,
la danza de su pelo la dibuja el viento
sobre el asfalto, y se enreda en mis pasos.
Todavía, las tardes de lectura desinquieta,
escucho mis versos rotos temblando en su voz,
meciéndose sobre su perfecta entonación,
escapando en sus labios de la papelera.
Todavía a veces, me llegan de la cocina,
arrullos de una canción y aromas de guisos.
Todavía a veces, apoyada en mis hombros,
siento sus dedos ensortijando mi cabello.
Todavía a veces, rozando la madrugada,
me despierto para comprobar si ha vuelto,
y al lado vacío de la cama le pregunto
si todavía a veces seré sus recuerdos.
en las que el sol alarga lánguidas siluetas,
la danza de su pelo la dibuja el viento
sobre el asfalto, y se enreda en mis pasos.
Todavía, las tardes de lectura desinquieta,
escucho mis versos rotos temblando en su voz,
meciéndose sobre su perfecta entonación,
escapando en sus labios de la papelera.
Todavía a veces, me llegan de la cocina,
arrullos de una canción y aromas de guisos.
Todavía a veces, apoyada en mis hombros,
siento sus dedos ensortijando mi cabello.
Todavía a veces, rozando la madrugada,
me despierto para comprobar si ha vuelto,
y al lado vacío de la cama le pregunto
si todavía a veces seré sus recuerdos.