Évano
Libre, sin dioses.
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Todavía los carros de seis anaqueles.
Todavía los cargan camiones de Europa.
Todavía las rosas, gladiolos y claveles
en filas, como tristes soldados de tropa.
Se irán las flores a corazones helados
y en nuestros campos quedarán los payasos
con sus puros y sonrisas estúpidas;
y más espaldas bajo plásticos,
quemando los sueños en sus pieles negras
venidas de la expoliada tierra sureña.
¿Cuánta flor necesitas,
norteño,
para no sentirte hielo?
No es rocío ni lluvia
por el imposible deshielo
del corazón norteño.
Las flores gélidas de vuestro pecho
son cubitos de hielo que laten
en un vaso de metal.
Al final,
las tumbas de páramo que sois,
que jamás
germinarán.
Porque necesitan de la vida
de las esperanzas congeladas sureñas,
brota vuestra marchita vida de témpano
y la tristeza que avanza y arrasa
la totalidad de la Tierra.
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Todavía los carros de seis anaqueles.
Todavía los cargan camiones de Europa.
Todavía las rosas, gladiolos y claveles
en filas, como tristes soldados de tropa.
Se irán las flores a corazones helados
y en nuestros campos quedarán los payasos
con sus puros y sonrisas estúpidas;
y más espaldas bajo plásticos,
quemando los sueños en sus pieles negras
venidas de la expoliada tierra sureña.
¿Cuánta flor necesitas,
norteño,
para no sentirte hielo?
No es rocío ni lluvia
ni agua de hontanar
lo de la flor que se va;
sino lágrima y llanto
por el imposible deshielo
del corazón norteño.
Las flores gélidas de vuestro pecho
son cubitos de hielo que laten
en un vaso de metal.
Al final,
las tumbas de páramo que sois,
estarán adornadas
con flores de carámbano
germinarán.
Porque necesitan de la vida
alegrías, amigos y amor;
porque son tierra y luz y agua,
sol y dar y dad.
De las flores que robáis,
de las esperanzas congeladas sureñas,
brota vuestra marchita vida de témpano
y la tristeza que avanza y arrasa
la totalidad de la Tierra.
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