“Sólo tú cuando logras el ancho suficiente para hacer historia
puedes disculparlo todo sin peligro de inundación.”
“Cliente de anatemas azules”.
Luis A. Piñer.
Escrutado por la mirada ya sin aliento
de la fiera que fui
avanzo deshojando los antiguos calendarios.
Pequeños retazos con dibujos y diagramas
latidos condensados en témpanos de tiempo
algún resto de arena
(tal vez toda una playa)
y las insondables nubes del otoño que pasó.
Me espera un barco cuyo nombre no conozco.
Partiré en él hacia ese horizonte que nunca he de alcanzar.
Mientras tejeré la música y la palabra del adiós
y las ofreceré a aquella mujer que me mira.
Aquí, en el refugio del último puerto, adormecido,
bajo la frazada gris que me oculta de la vida.
“Tot es gris” lloraba el funesto saxofón de aquel tugurio
“Tot es gris”. Era Barcelona, pero yo estaba en París
y la pena alcanzaba ya el riesgo de inundación.
“Tot es gris” detrás de los ojos de ónice melancólico
de la vieja meretriz.
Pero ella tiene delante su brillante vaso de aguardiente
y espera ser pintada por Picasso un día.
La calle se embruja con las pisadas alternativas del caballo de Lady Godiva
que se exhibe pudorosa tras sus cabellos dorados.
Se encienden los milagros falsificados de los escaparates de lujo
y con ellos algunas ilusiones en las almas deshojadas
de las chicas del café.
“Tot es gris” en París y en Barcelona
y los pederastas acechan disfrazados de caballos de cartón.
Ciudad traidora, ciudad feliz, cuánta juventud me has robado.
Suena la sirena del barco que me espera
pero yo ignoro cual es.
Envejeceré sin remedio refugiado en el café maloliente.
Es mi destino de hombre y yo no se resistirme.
Vieja dama meretriz, te pido que me acompañes
hasta el próximo ataúd.
Ilus.: "La bebedora de absenta." Pablo Picasso. 1901
puedes disculparlo todo sin peligro de inundación.”
“Cliente de anatemas azules”.
Luis A. Piñer.
Escrutado por la mirada ya sin aliento
de la fiera que fui
avanzo deshojando los antiguos calendarios.
Pequeños retazos con dibujos y diagramas
latidos condensados en témpanos de tiempo
algún resto de arena
(tal vez toda una playa)
y las insondables nubes del otoño que pasó.
Me espera un barco cuyo nombre no conozco.
Partiré en él hacia ese horizonte que nunca he de alcanzar.
Mientras tejeré la música y la palabra del adiós
y las ofreceré a aquella mujer que me mira.
Aquí, en el refugio del último puerto, adormecido,
bajo la frazada gris que me oculta de la vida.
“Tot es gris” lloraba el funesto saxofón de aquel tugurio
“Tot es gris”. Era Barcelona, pero yo estaba en París
y la pena alcanzaba ya el riesgo de inundación.
“Tot es gris” detrás de los ojos de ónice melancólico
de la vieja meretriz.
Pero ella tiene delante su brillante vaso de aguardiente
y espera ser pintada por Picasso un día.
La calle se embruja con las pisadas alternativas del caballo de Lady Godiva
que se exhibe pudorosa tras sus cabellos dorados.
Se encienden los milagros falsificados de los escaparates de lujo
y con ellos algunas ilusiones en las almas deshojadas
de las chicas del café.
“Tot es gris” en París y en Barcelona
y los pederastas acechan disfrazados de caballos de cartón.
Ciudad traidora, ciudad feliz, cuánta juventud me has robado.
Suena la sirena del barco que me espera
pero yo ignoro cual es.
Envejeceré sin remedio refugiado en el café maloliente.
Es mi destino de hombre y yo no se resistirme.
Vieja dama meretriz, te pido que me acompañes
hasta el próximo ataúd.
Ilus.: "La bebedora de absenta." Pablo Picasso. 1901
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