Las raíces artesanales del árbol de porcelana sorben la linfa que yace bajo tierra,mientras tú te columpias en el aire enrarecido de una noche de estío.El légamo arde con sus miasmas de pordiosero aroma,mientras los cerdos se revuelcan con gusto y sagrada mansedumbre.Mas tú no lo haces.Eres demasiada orgullosa,¡oh!divina luz de dos caras.Entonces se presenta el firmamento cargado de rosas llorosas,a rebosar de miel que cae con la divina gravedad en las gargantas profundas de las apagadas simas.Entonces,te apagas para siempre;mientras una voz furtiva anuncia sin preámbulos pero con estrépito la muerte de la aurora.¡Oh!qué desgracia para los luceros de la noche también,que tomaban prestado de tu fuerza lustral para guiar al inofensivo caminante que ahora yerra de camino:tomando el de la sombría perdición que ha de llevarlo a la debacle de su espíritu en ciernes de estallar en mil pedazos.