tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Giro los dedos de las manos en un movimiento corvo, quizás con la intención de acompañar el compás denso y rotundo que sale de mis auriculares, que por cierto es la música que acostumbro escuchar para entrar en trance, a la hora de escribir.
La luz, mas el aire de un viejo ventilador de pié, forman parte del rito.
Danza inmóvil prospera obsecuente a mis pretensiones.
Mis manos independientes, casi pensantes, se deslizan tenues al ritmo en cámara lenta sincronizada. Acercando y alejándolas en zigzagueo, como alabando al teclado de mi herramienta.
Con un objetivo que aun no concibo descubrir; y es cuando observo la sombra de la sombra de mis dedos, con el mismo efecto que plasman las radiografías, cuando reflejan el aura de los huesos.
Descubro posiciones e imagino perspectivas y puntos de fuga sobre una línea recta impostada sobre mi imaginación, que traza una pista especial para pantomimas amorfas, cargadas coléricas, expresándose en un lenguaje desconocido para mí.
Creo que el cerebro envía descargas involuntarias, en los momentos de concentración o disfuncionalidad, en la espera impaciente, como en la distracción inanimada; ocupando espacios poco esenciales del ser consciente, que deliberadamente el sentido común no tiene en cuenta.
Espacio, tiempo, forma y sonido la combinación perfecta para dar vida a la nada misma, un poco de inmateria colapsando a la irresistible razón de los reflejos.
Una secuencia inconsciente, que a menudo rige en nuestro cuerpo vía electrocución mental del transito espontáneo.
Es allí cuando movemos el pie, o las manos, ejercitando una secuenciación de impactos coléricos en modo automático.
La luz, mas el aire de un viejo ventilador de pié, forman parte del rito.
Danza inmóvil prospera obsecuente a mis pretensiones.
Mis manos independientes, casi pensantes, se deslizan tenues al ritmo en cámara lenta sincronizada. Acercando y alejándolas en zigzagueo, como alabando al teclado de mi herramienta.
Con un objetivo que aun no concibo descubrir; y es cuando observo la sombra de la sombra de mis dedos, con el mismo efecto que plasman las radiografías, cuando reflejan el aura de los huesos.
Descubro posiciones e imagino perspectivas y puntos de fuga sobre una línea recta impostada sobre mi imaginación, que traza una pista especial para pantomimas amorfas, cargadas coléricas, expresándose en un lenguaje desconocido para mí.
Creo que el cerebro envía descargas involuntarias, en los momentos de concentración o disfuncionalidad, en la espera impaciente, como en la distracción inanimada; ocupando espacios poco esenciales del ser consciente, que deliberadamente el sentido común no tiene en cuenta.
Espacio, tiempo, forma y sonido la combinación perfecta para dar vida a la nada misma, un poco de inmateria colapsando a la irresistible razón de los reflejos.
Una secuencia inconsciente, que a menudo rige en nuestro cuerpo vía electrocución mental del transito espontáneo.
Es allí cuando movemos el pie, o las manos, ejercitando una secuenciación de impactos coléricos en modo automático.