Asklepios
Incinerando envidias
Tras alejarnos de la playa, y dejar nuestras huellas en la arena como prueba de haber estado allí, volvimos la mirada hacia el mar. Fuimos testigos de cómo las olas comenzaron a pudrirse y cambiar su apariencia a la de un enorme pergamino arrugado y desgastado, sobre el que se fue tejiendo un extraño e incómodo olor. Días después, nos enteramos de la prohibición, por parte de las autoridades, de poder volver a visitar aquel lugar. La contaminación, imparable, continuaba ganando terreno a la vida.
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