F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Tras de la atalaya de los años
Contemplo fríamente el panorama
de los setenta y tantos que ya tengo
y no me debo andar más por la rama
porque ya no es que voy…¡sino que vengo!
Son cuatro las edades de la vida
las que Dios nos permite que vivamos:
la edad de la Niñez, dulce y querida,
la de la Pubertad, que hoy añoramos,
la de la Madurez, la más ardiente
y la de la Vejez… el trance amargo
porque nuestra salud ya se resiente,
y acaso nos movemos, sin embargo.
Un día me miraste y te miré
y fue como mirar por el balcón
de un mundo singular, lleno de fe,
y digno de vivirlo con pasión.
Tenemos, un deber: el de acabar
la senda de la vida. Estando sanos
quizá, los dos, podremos caminar
uniendo, con cariño, nuestras manos.
Los hijos nos brindaron horas lindas
¿Te acuerdas que vivimos sin vivir?
Pues éste es el momento, no te rindas
y vive ya, no te has de arrepentir.
Debemos intentar sobrevivir
después de los deberes realizados
los hijos no nos pueden impedir
gozar de tantos sueños aplazados
Yo sé que ellos hacen lo que hicimos,
Nosotros sí que somos los de antes.
Si todo, cuanto había, se lo dimos
sin duda es el deber de caminantes.
Queremos, sin embargo, los afectos
pequeños, si se quiere, pero amables,
de nietos y familia, siempre rectos,
¿me aceptas que son todos formidables?
Después, recibiremos, cuando llegue,
serenos, reposados, la partida…
que espero, que mi Dios no nos la niegue
decirle adiós, contentos, a la vida.
Contemplo fríamente el panorama
de los setenta y tantos que ya tengo
y no me debo andar más por la rama
porque ya no es que voy…¡sino que vengo!
Son cuatro las edades de la vida
las que Dios nos permite que vivamos:
la edad de la Niñez, dulce y querida,
la de la Pubertad, que hoy añoramos,
la de la Madurez, la más ardiente
y la de la Vejez… el trance amargo
porque nuestra salud ya se resiente,
y acaso nos movemos, sin embargo.
Un día me miraste y te miré
y fue como mirar por el balcón
de un mundo singular, lleno de fe,
y digno de vivirlo con pasión.
Tenemos, un deber: el de acabar
la senda de la vida. Estando sanos
quizá, los dos, podremos caminar
uniendo, con cariño, nuestras manos.
Los hijos nos brindaron horas lindas
¿Te acuerdas que vivimos sin vivir?
Pues éste es el momento, no te rindas
y vive ya, no te has de arrepentir.
Debemos intentar sobrevivir
después de los deberes realizados
los hijos no nos pueden impedir
gozar de tantos sueños aplazados
Yo sé que ellos hacen lo que hicimos,
Nosotros sí que somos los de antes.
Si todo, cuanto había, se lo dimos
sin duda es el deber de caminantes.
Queremos, sin embargo, los afectos
pequeños, si se quiere, pero amables,
de nietos y familia, siempre rectos,
¿me aceptas que son todos formidables?
Después, recibiremos, cuando llegue,
serenos, reposados, la partida…
que espero, que mi Dios no nos la niegue
decirle adiós, contentos, a la vida.
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