Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Éramos truenos de extinta conciencia,
efímeros como fúlgida hoguera,
de jinetes y quimeras de otra era
en vueltos en nebulosa vivencia
Enterrada quedó nuestra demencia,
la rutina la asfixió hasta que muera;
la grata pasión que en su tiempo fuera
de diamantina y pluma su existencia
El blanco algodón del perpetuo cielo
torno mustio sobre nuestro amor gris,
de azul candor nos quitamos el velo
Como un rasgón surgió la cicatriz,
herida la pasión quedó en el suelo.
Sollozante corazón sin motriz
efímeros como fúlgida hoguera,
de jinetes y quimeras de otra era
en vueltos en nebulosa vivencia
Enterrada quedó nuestra demencia,
la rutina la asfixió hasta que muera;
la grata pasión que en su tiempo fuera
de diamantina y pluma su existencia
El blanco algodón del perpetuo cielo
torno mustio sobre nuestro amor gris,
de azul candor nos quitamos el velo
Como un rasgón surgió la cicatriz,
herida la pasión quedó en el suelo.
Sollozante corazón sin motriz
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