joblam
Poeta que considera el portal su segunda casa
Treinta hojas mustias del calendario han caído desde tu última carta. El despertar de una vorágine de recuerdos hace eco y queda confundido con las decenas de promesas inconclusas junto a las lágrimas escondidas que muestran inconformidad, frustración y emergen desde el fondo del corazón enamorado una sarta de incógnitas quedando ahogadas en un silencio que imita la frialdad de un epitafio.
Los pensamientos recorren marchitos las veces que soñé despierto con tus caricias y las diversas ocasiones que estando dormido, las sábanas quedaron marcadas con la fragancia de las decepciones por las quimeras ilusorias. Aun en mi mesa de noche reposan arrugados un par de boletos de viajes con fechas distintas y vencidas junto a las horas de desvelo en espera del arribo tardío de los colores del amanecer.
La lluvia junto a la noche trae retazos de tu presencia y por momentos queda sobrepuesta a tu ausencia cuando un relámpago imprevisto rompe la oscuridad y el brillo de tus ojos, dos luceros con tristeza, ven caer mi invierno con rastrojos de tibieza esperando un gesto manifiesto de aminorar el intenso frío de mi desnudez.
La esperanza taciturna continúa viva y latente aun cuando siento que su amargo dulzor, muy lento, escapa de mis manos mientras dos lágrimas con muestra de rebeldía, bañan la estela reseca y resurge el deseo junto al recuerdo que hace treinta días te has ido de mi vida.
Los pensamientos recorren marchitos las veces que soñé despierto con tus caricias y las diversas ocasiones que estando dormido, las sábanas quedaron marcadas con la fragancia de las decepciones por las quimeras ilusorias. Aun en mi mesa de noche reposan arrugados un par de boletos de viajes con fechas distintas y vencidas junto a las horas de desvelo en espera del arribo tardío de los colores del amanecer.
La lluvia junto a la noche trae retazos de tu presencia y por momentos queda sobrepuesta a tu ausencia cuando un relámpago imprevisto rompe la oscuridad y el brillo de tus ojos, dos luceros con tristeza, ven caer mi invierno con rastrojos de tibieza esperando un gesto manifiesto de aminorar el intenso frío de mi desnudez.
La esperanza taciturna continúa viva y latente aun cuando siento que su amargo dulzor, muy lento, escapa de mis manos mientras dos lágrimas con muestra de rebeldía, bañan la estela reseca y resurge el deseo junto al recuerdo que hace treinta días te has ido de mi vida.