Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Buscaré palabras mayores para decirte lo que siento
y con todas las vocales, un collar infinito te envolverá de acentos.
Pintaré diéresis en tu memoria y creerás recordar un 'te quiero'
en mayúsculas, sobre la acera, a las puertas de tu casa de aquel invierno.
Y llegará Navidad, en una cabalgata de consonantes vestidas de reno
y los reyes de la fiesta vestirán de palabras la magia de un cuento
sin princesas de hadas, ni bailes de trueno,
ni lugares lejanos, ni reyes sin reino,
ni colorín colorado, ni gatos con botas, ni lugares de ensueño,
ni jirafas de tres patas, ni elefantes cantando, ni tortugas al vuelo,
ni siete lunas en el lunes de marte, ni enanitos con sombrero,
ni espejos que reflejen tu mirada, porque es Navidad y si te miras al espejo
encontrarás el mayor regalo que en mi vida me pudieran dar los sueños:
Tu voz, tu risa, tu feliz navidad con la postal de un te quiero,
tus mejillas encendidas, el árbol de Navidad oculto en tus cabellos,
tus veintitantos de diciembre, tus treinta y algo de año nuevo,
tu primer día de un cada año, tu seis de enero bisiesto,
envolviendo lo que nadie más que tú puede darme y nada menos que tus besos.
y con todas las vocales, un collar infinito te envolverá de acentos.
Pintaré diéresis en tu memoria y creerás recordar un 'te quiero'
en mayúsculas, sobre la acera, a las puertas de tu casa de aquel invierno.
Y llegará Navidad, en una cabalgata de consonantes vestidas de reno
y los reyes de la fiesta vestirán de palabras la magia de un cuento
sin princesas de hadas, ni bailes de trueno,
ni lugares lejanos, ni reyes sin reino,
ni colorín colorado, ni gatos con botas, ni lugares de ensueño,
ni jirafas de tres patas, ni elefantes cantando, ni tortugas al vuelo,
ni siete lunas en el lunes de marte, ni enanitos con sombrero,
ni espejos que reflejen tu mirada, porque es Navidad y si te miras al espejo
encontrarás el mayor regalo que en mi vida me pudieran dar los sueños:
Tu voz, tu risa, tu feliz navidad con la postal de un te quiero,
tus mejillas encendidas, el árbol de Navidad oculto en tus cabellos,
tus veintitantos de diciembre, tus treinta y algo de año nuevo,
tu primer día de un cada año, tu seis de enero bisiesto,
envolviendo lo que nadie más que tú puede darme y nada menos que tus besos.