El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Claro el día,
donde el río se frota con la llanura.
Más a la distancia, extraños navíos.
Velas con símbolos extranjeros,
un palo y otro atravesado,
en barcazas más pequeñas se aproxima
un gentío.
Ellos,
de aspecto severo,
no sonríen.
Barbados,
del color de la luna llena.
Montados algunos en bestias infernales.
El más adelantado de todos se nos aproxima
tintineando al sol
con su pesada piel plateada.
Esgrime en su mano
una especie de vara con filos.
Le traíamos agua para su viaje,
le traíamos boleadoras para que vieran.
Y carne de ñandúes de bienvenida,
también se les traía.
Con los niños por delante,
nos colocamos cara a cara.
Y entonces brotó de aquel gigante una palabra
en extraño idioma.
Y el extranjero sacó algo,
que luego supimos era un libro,
y dijo que eso también hablaba.
Bagual se lo acercó el oído y dijo que era mentira.
Y entonces hicieron sonar un trueno,
y la piel nuestro jefe se cubrió de heridas,
retrocedimos unos pasos ante la escena.
Y cayó pesadamente, soltándo aquel objeto.
¡Y retumbó la tierra!,
¡y huyeron las aves de sus nidos!,
¡y se hizo oscuro,
¡se hizo como centro de un ojo,
el cielo todo!.
Y esas bestias nos rodeaban.
Eran muchos,
tres veces lo que se cuenta con los dedos.
Desarmados comprendimos
que los espíritus nos abandonarán,
nos aflijimos.
Y un frío había,
parecido al miedo.
Confusión, tajo y polvareda,
desamparo,
y un gemido que no cesa desde entonces.
La sangre da pelea.
Cada vez más numerosos eran,
cada vez más al sur nos rechazaban.
Y ruido de pólvora,
y piel.
Y ruido de cráneo,
y boleadoras.
Siglos de persecución y
venganza malonera.
dolor de mujer y niño,
calamidad,
desde ese día.
Calamidad
sobre nuestro mundo herido,
llanto,
tormenta y nubarrones.
Bagual: Cacíque querandí.
Malonera: Relativo al malón: ataque de los nativos pampeanos a las poblaciones de criollos y europeos.
donde el río se frota con la llanura.
Más a la distancia, extraños navíos.
Velas con símbolos extranjeros,
un palo y otro atravesado,
en barcazas más pequeñas se aproxima
un gentío.
Ellos,
de aspecto severo,
no sonríen.
Barbados,
del color de la luna llena.
Montados algunos en bestias infernales.
El más adelantado de todos se nos aproxima
tintineando al sol
con su pesada piel plateada.
Esgrime en su mano
una especie de vara con filos.
Le traíamos agua para su viaje,
le traíamos boleadoras para que vieran.
Y carne de ñandúes de bienvenida,
también se les traía.
Con los niños por delante,
nos colocamos cara a cara.
Y entonces brotó de aquel gigante una palabra
en extraño idioma.
Y el extranjero sacó algo,
que luego supimos era un libro,
y dijo que eso también hablaba.
Bagual se lo acercó el oído y dijo que era mentira.
Y entonces hicieron sonar un trueno,
y la piel nuestro jefe se cubrió de heridas,
retrocedimos unos pasos ante la escena.
Y cayó pesadamente, soltándo aquel objeto.
¡Y retumbó la tierra!,
¡y huyeron las aves de sus nidos!,
¡y se hizo oscuro,
¡se hizo como centro de un ojo,
el cielo todo!.
Y esas bestias nos rodeaban.
Eran muchos,
tres veces lo que se cuenta con los dedos.
Desarmados comprendimos
que los espíritus nos abandonarán,
nos aflijimos.
Y un frío había,
parecido al miedo.
Confusión, tajo y polvareda,
desamparo,
y un gemido que no cesa desde entonces.
La sangre da pelea.
Cada vez más numerosos eran,
cada vez más al sur nos rechazaban.
Y ruido de pólvora,
y piel.
Y ruido de cráneo,
y boleadoras.
Siglos de persecución y
venganza malonera.
dolor de mujer y niño,
calamidad,
desde ese día.
Calamidad
sobre nuestro mundo herido,
llanto,
tormenta y nubarrones.
Bagual: Cacíque querandí.
Malonera: Relativo al malón: ataque de los nativos pampeanos a las poblaciones de criollos y europeos.