Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Un trigo mojado de tu ausencia,
sopesando al viento
el roce de unos dedos,
dejando vagar los pensamientos,
agitado,
bañandose de un sol que nervioso,
comparte con dorados toques
los suspiros con que irrigas los pequeños pasos.
Piel tostada,
revestida con gotas de rocio,
arrobada en la emoción
y caminando serena
en un mar castaño de semillas
que celosas,
arrullan tu camino con las notas de una trova.
Nubes agolpadas,
revistiendo el cielo en pinceladas,
con colores que el destino necesita,
para que tu alma se sienta enamorada.
Atavíos en guirnaldas que se mueven
con el roce de la espiga,
desnudando fantasías,
arrebatos y más risas.
¡Tú caminas!
¡Tú me guías!
Tú me llevas de la mano en un trigal
que nos guarda de los vientos,
que nos mima con sus versos,
que nos arrulla con sus cantos
que contigo... son como sonetos.
sopesando al viento
el roce de unos dedos,
dejando vagar los pensamientos,
agitado,
bañandose de un sol que nervioso,
comparte con dorados toques
los suspiros con que irrigas los pequeños pasos.
Piel tostada,
revestida con gotas de rocio,
arrobada en la emoción
y caminando serena
en un mar castaño de semillas
que celosas,
arrullan tu camino con las notas de una trova.
Nubes agolpadas,
revistiendo el cielo en pinceladas,
con colores que el destino necesita,
para que tu alma se sienta enamorada.
Atavíos en guirnaldas que se mueven
con el roce de la espiga,
desnudando fantasías,
arrebatos y más risas.
¡Tú caminas!
¡Tú me guías!
Tú me llevas de la mano en un trigal
que nos guarda de los vientos,
que nos mima con sus versos,
que nos arrulla con sus cantos
que contigo... son como sonetos.
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