Tríptico

Gonvedo

Poeta asiduo al portal
I.

Escucho tu silencio como un difuso rumor
que apenas te naciera a flor de labio;
el eco de la espuma hecho palabra,
respirando sobre la arena
que el mar acerca a la orilla.
Aún la huella intacta trazando sus lindes
hasta alcanzar la playa
como un sueño que al crepúsculo
ciega todos los postigos.
Ahora apenas somos tú y yo
bajo el repentino hálito de una última luz
frente al color del cielo.


II.

Así me vienes, fingiéndote rosa
en el jardín de mis días,
cosecha de un tiempo anticipado
pidiéndome que te adivine;
animoso desorden que vela armas
para quedarse conmigo,
acaso porque no desconoces
que encaro mal las soledades
y que me llenan de arrugas las ausencias.
Y vienes con el disfraz de ceniza de los días,
tú que ya no eres viento
del que tenga que guardarse la madrugada,
sino brisa que al mar se lleva mis plegarias.


III.

El tiempo pasa.
Entre vaivén y vaivén se pone en marcha
el carrusel de la vida,
y a veces deja un sabor agrio, cortos duelos
y hasta pequeños raptos de locura.
Viajando hacia la noche,
un luminoso néctar se desprende de la luna
embargando tu corazón
donde aún se atisba una llama encendida.
Una esperanza se asoma entonces a tus ojos
transidos de noche, anhelantes de amanecida.
 

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