Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegaste a mi vida un día cualquiera,
te apoderaste de todo sin preguntarme siquiera.
Me abrazaste el corazón con tu silencio y su adiós,
haciéndome vivir un mundo de lágrimas y de dolor,
donde la soledad y el desamor aniquilaron todo a mi alrededor.
Me torturaste sin piedad ni compasión,
tratando de hacerme perder la coherencia y la razón.
Me miraste orgullosa y altiva,
presumiéndome con destruir todo cuanto tenía.
Te llevaste la alegría, dejándome con el alma vacía.
Y quien lo iba a decir que, desde ese día,
acompañas mis noches y mis días,
llenándolo todo de nostalgia y melancolía.
Me acostumbraste a ti, con el paso de los años
y a todo aquello que me hace mucho daño.
Dime tristeza mía ¿acaso crees que podría
liberarme de tu presencia algún día? Porque yo,
yo no sé si lo haría.
te apoderaste de todo sin preguntarme siquiera.
Me abrazaste el corazón con tu silencio y su adiós,
haciéndome vivir un mundo de lágrimas y de dolor,
donde la soledad y el desamor aniquilaron todo a mi alrededor.
Me torturaste sin piedad ni compasión,
tratando de hacerme perder la coherencia y la razón.
Me miraste orgullosa y altiva,
presumiéndome con destruir todo cuanto tenía.
Te llevaste la alegría, dejándome con el alma vacía.
Y quien lo iba a decir que, desde ese día,
acompañas mis noches y mis días,
llenándolo todo de nostalgia y melancolía.
Me acostumbraste a ti, con el paso de los años
y a todo aquello que me hace mucho daño.
Dime tristeza mía ¿acaso crees que podría
liberarme de tu presencia algún día? Porque yo,
yo no sé si lo haría.