El Hombre del pañuelo
Poeta recién llegado
Yo quería conjugar mi vida en primera persona,
y ponerle mi nombre a mis problemas,
educarlos y controlarlos a mi medida.
Yo quería domar al caballo de mis logros,
ordenar por tamaño mis metas,
y guardar en mi bolsillo las victorias.
Pero el agua llegaba a mi cuello en un mar que no veía,
era como volar sin alas,
como morder las cenizas de un sueño,
y vivir con el alma entre paredes.
Pero Tú me ofreciste el agua que nunca se acaba,
la espalda donde llevarías mis agobios,
y el clavo que perdonaba mis pecados.
Me enseñaste que no crece más el más lleno,
sino el que más se vacía,
que contigo las cargas son ligeras,
y los problemas cogen color,
que nunca hay una barrera demasiado grande,
para quien camina con tus zapatos de gigante.
Pero me dijiste que para vivir en tus brazos,
tenía que soltar todas mis creaciones,
liberarme de metas y orgullos,
y dejarte una habitación donde instalarte.
Así que un día me vi hipotecando mi casa a tu nombre,
nada quedaba en mi sin tu etiqueta,
y entonces empecé a flotar,
me vi libre de miedos y lleno de ti,
me vi libre como adjetivo y feliz en presente y en tu presencia,
hiciste nuevas todas las cosas,
y me diste tu fuerza para conquistar.
Ahora que era libre nada se clavaba en mi memoria,
y que nos queramos más fue la pancarta de mis puertas,
el slogan de mis anuncios,
y la gasolina de mis latidos.
Porque contigo al revés que con el mundo,
recibe más el que más entrega,
y que cuando entras en la ecuación,
la libertad coge nombre propio.
y ponerle mi nombre a mis problemas,
educarlos y controlarlos a mi medida.
Yo quería domar al caballo de mis logros,
ordenar por tamaño mis metas,
y guardar en mi bolsillo las victorias.
Pero el agua llegaba a mi cuello en un mar que no veía,
era como volar sin alas,
como morder las cenizas de un sueño,
y vivir con el alma entre paredes.
Pero Tú me ofreciste el agua que nunca se acaba,
la espalda donde llevarías mis agobios,
y el clavo que perdonaba mis pecados.
Me enseñaste que no crece más el más lleno,
sino el que más se vacía,
que contigo las cargas son ligeras,
y los problemas cogen color,
que nunca hay una barrera demasiado grande,
para quien camina con tus zapatos de gigante.
Pero me dijiste que para vivir en tus brazos,
tenía que soltar todas mis creaciones,
liberarme de metas y orgullos,
y dejarte una habitación donde instalarte.
Así que un día me vi hipotecando mi casa a tu nombre,
nada quedaba en mi sin tu etiqueta,
y entonces empecé a flotar,
me vi libre de miedos y lleno de ti,
me vi libre como adjetivo y feliz en presente y en tu presencia,
hiciste nuevas todas las cosas,
y me diste tu fuerza para conquistar.
Ahora que era libre nada se clavaba en mi memoria,
y que nos queramos más fue la pancarta de mis puertas,
el slogan de mis anuncios,
y la gasolina de mis latidos.
Porque contigo al revés que con el mundo,
recibe más el que más entrega,
y que cuando entras en la ecuación,
la libertad coge nombre propio.