En el pasillo, tras una puerta azul,
Estaba ella; estabas tú.
La tarde afuera se hacía gris,
¡Y de repente! la hoja entreabierta
De aquella puerta, la vi salir.
María Antonieta, de gestos hermosos,
Tenía en sus manos tu aparecer,
Salió de prisa por el pasillo
¡Hay Algo malo! Quise entender.
Entonces Armando, joven Doctor,
Cruzó el pasillo en exhalación
El par de esposos eran ahora
Los que cuidaban de tu nacer.
Frente a la puerta, en el pasillo,
Nada pasaba, no había a quién,
Solo esperaba, solo confiaba,
La muerte nace con el nacer,
Tras los azules de aquella puerta
Estaba ella - los esposos Garofalo-
Latía el tiempo y tú también.
La vida pone en los yermos campos
Sus flores blancas, luna y clavel,
Son los adornos del miserable,
El llanto suave de su bebé.
Entre los gestos ya más tranquilos
Del par de esposos con batas blancas,
Naciste niña, clara esperanza,
frío temor que eriza la piel,
Por eso escribo solo el recuerdo,
De aquellos padres, del nuevo ser,
que ahora cumple ya veintisiete
y en mi pasillo todo está bien.
Estaba ella; estabas tú.
La tarde afuera se hacía gris,
¡Y de repente! la hoja entreabierta
De aquella puerta, la vi salir.
María Antonieta, de gestos hermosos,
Tenía en sus manos tu aparecer,
Salió de prisa por el pasillo
¡Hay Algo malo! Quise entender.
Entonces Armando, joven Doctor,
Cruzó el pasillo en exhalación
El par de esposos eran ahora
Los que cuidaban de tu nacer.
Frente a la puerta, en el pasillo,
Nada pasaba, no había a quién,
Solo esperaba, solo confiaba,
La muerte nace con el nacer,
Tras los azules de aquella puerta
Estaba ella - los esposos Garofalo-
Latía el tiempo y tú también.
La vida pone en los yermos campos
Sus flores blancas, luna y clavel,
Son los adornos del miserable,
El llanto suave de su bebé.
Entre los gestos ya más tranquilos
Del par de esposos con batas blancas,
Naciste niña, clara esperanza,
frío temor que eriza la piel,
Por eso escribo solo el recuerdo,
De aquellos padres, del nuevo ser,
que ahora cumple ya veintisiete
y en mi pasillo todo está bien.