Jorge Lemoine y Bosshardt
MAESTRO
El sol y la sal me están desparramando avispas
hasta hacerme sentir chispas en la cara.
El viento deambula como un tranvía fantasma y sonámbulo.
Yo debería hacer una carta de barro como tejiendo un nido dulce o cortando cañas para hacer una choza silvestre
Pero en medio de la gente hervidiza y resbalosa me siento un poco todos y un poco extraño, y segrego como un caracol, esta carta caliente y un poco rota, viscosa y empañada como un canto que emerge de una garganta afónica
Y esta carta ronca, de arena, de nuez, de rodilla y de voz a las tres de la mañana, apenas se me parece casi nada me puede como una sombra quebrada sobre las piedras.
Yo no intento parecerme, ser es siempre de alguna manera y por eso yo, es ser a mi manera.
Pero que una carta no se me parezca,
que mi sombra se parta sobre las piedras
un poco me aleja
y mucho más me vuelve tu asombro y tu sorpresa.
No he vuelto a extrañarte.
Ahora recordarte es fácil y suave
como cantar sin darme cuenta
una canción que descubro que me gusta.
Entonces, ahora, qué importa llamarte
buscarte o guardarte
si te puedo encontrar simplemente
como aprendiéndome las manos en las primeras cosas o los ojos del ciego rescatados.
Ahora puedo decir, sin el asombro de que la gente sea cuando me pasa,
tú eras, y eso basta para siempre,
y para que todos lo sueños vacíos hayan
tenido un rostro que recién ahora sé que existe.
Ya puedo decir que te existo todo tu tiempo que no he sido y no me ha sido ya puedo decir que en encuentro se vuelca toda la historia como los ríos que se dan la mano con todo su rumor y olor de lejanía volcado en la espuma indescifrable
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
hasta hacerme sentir chispas en la cara.
El viento deambula como un tranvía fantasma y sonámbulo.
Yo debería hacer una carta de barro como tejiendo un nido dulce o cortando cañas para hacer una choza silvestre
Pero en medio de la gente hervidiza y resbalosa me siento un poco todos y un poco extraño, y segrego como un caracol, esta carta caliente y un poco rota, viscosa y empañada como un canto que emerge de una garganta afónica
Y esta carta ronca, de arena, de nuez, de rodilla y de voz a las tres de la mañana, apenas se me parece casi nada me puede como una sombra quebrada sobre las piedras.
Yo no intento parecerme, ser es siempre de alguna manera y por eso yo, es ser a mi manera.
Pero que una carta no se me parezca,
que mi sombra se parta sobre las piedras
un poco me aleja
y mucho más me vuelve tu asombro y tu sorpresa.
No he vuelto a extrañarte.
Ahora recordarte es fácil y suave
como cantar sin darme cuenta
una canción que descubro que me gusta.
Entonces, ahora, qué importa llamarte
buscarte o guardarte
si te puedo encontrar simplemente
como aprendiéndome las manos en las primeras cosas o los ojos del ciego rescatados.
Ahora puedo decir, sin el asombro de que la gente sea cuando me pasa,
tú eras, y eso basta para siempre,
y para que todos lo sueños vacíos hayan
tenido un rostro que recién ahora sé que existe.
Ya puedo decir que te existo todo tu tiempo que no he sido y no me ha sido ya puedo decir que en encuentro se vuelca toda la historia como los ríos que se dan la mano con todo su rumor y olor de lejanía volcado en la espuma indescifrable
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT