jorgeluis
Poeta fiel al portal
TU HIJO ERRANTE
Mi madre encarno
la huella a fuego
de su hijo errante,
asumió lo que vendría
de repente,
que sea lo que Dios quiera
dijo, sin abandonarme
a la suerte.
Calzando ya un cuarenta
pero con mala apariencia,
y sin brio cuidando
el alma en el presidio
de unos ojos verdes,
en aquel escote descotado
que ponía a cuerdos y tarados,
a culpables e inocentes
en la edad del pavo.
Con mi madre animándome
para que me soltara,
y saliera voluntario
a la pizarra,
antes que llegaran
tantas tardes
que duraban
cien mil horas
para nada,
entre paredes blancas,
tan distraído
sin jugar ni a la taba.
Del pasado al presente
en algo más que un santiamén,
catorce años con los que no contaba
hechos creces en la frente,
del pasado al presente
admirando tu bendita paciencia
que no mame de tu leche.
Del ayer a hoy,
con mas de treinta
y sin hacerte abuela,
con treinta y tres
como si tuviera quince
bebiéndome las babas
de las copas de las mesas,
sin ser como tu eres,
ni dar ejemplo de tu grandeza,
mientras que suspiras en el balcón
desde aquél día en el
que creía ser mayor,
y solo era un mocoso
que jugaba de rodillas en el salón
y, ripiaba a duras penas
amor de piel melocotón.
Aquel fui y sigo siendo yo,
aquel que vivió como pudo
sin escudo,
que no fue poco
para mi corazón.
Mi madre encarno
la huella a fuego
de su hijo errante,
asumió lo que vendría
de repente,
que sea lo que Dios quiera
dijo, sin abandonarme
a la suerte.
Calzando ya un cuarenta
pero con mala apariencia,
y sin brio cuidando
el alma en el presidio
de unos ojos verdes,
en aquel escote descotado
que ponía a cuerdos y tarados,
a culpables e inocentes
en la edad del pavo.
Con mi madre animándome
para que me soltara,
y saliera voluntario
a la pizarra,
antes que llegaran
tantas tardes
que duraban
cien mil horas
para nada,
entre paredes blancas,
tan distraído
sin jugar ni a la taba.
Del pasado al presente
en algo más que un santiamén,
catorce años con los que no contaba
hechos creces en la frente,
del pasado al presente
admirando tu bendita paciencia
que no mame de tu leche.
Del ayer a hoy,
con mas de treinta
y sin hacerte abuela,
con treinta y tres
como si tuviera quince
bebiéndome las babas
de las copas de las mesas,
sin ser como tu eres,
ni dar ejemplo de tu grandeza,
mientras que suspiras en el balcón
desde aquél día en el
que creía ser mayor,
y solo era un mocoso
que jugaba de rodillas en el salón
y, ripiaba a duras penas
amor de piel melocotón.
Aquel fui y sigo siendo yo,
aquel que vivió como pudo
sin escudo,
que no fue poco
para mi corazón.