G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
Sobre desatenta mirada
veloces cabalgan
dos mil agujeros,
los mismos que cuento
en necias palabras.
Dos mil negros cuervos
que, prestos, se lanzan
y roban al vuelo
lo más luminoso
que brota del alma.
Mano indolente,
si nunca te alzas
y nada proteges,
en ti se nos muere
toda esperanza.
Para horadado corazón
tengo un verso denso
que es amalgama,
y otro ligero que al recio
sirve de alas.
G.S.A.