Tus ojitos callan

Kein Williams

Poeta fiel al portal
Tu sonrisa se ha marchado, detrás de las flores negras
tus palabras se cortaron en medio de un: te amo, hijo--
y tu cuerpo, ya cansado de trajinar por la vida
se detiene, en el espacio donde ya no te encontraré.

Tus ojitos, quedan callados, inexpresivos. Apagados.
Y tus labios, entreabiertos, se quedaron sin el eco
mis latidos, están pausados, ante mi desesperación,
pues te grito, y tus oídos se niegan a escucharme.

De rodillas, mirando el piso, caen dos gotas
yo me niego, a aceptar que no volverás a despertar,
y mi pecho, siente la presión que produce el dolor,
y la rabia, me hace pedirle explicaciones a Dios.

Me levantan, y yo la miro ahí sentada ya sin vida,
y le ruego, que si se va, no me deje aquí tan solo.
Ante el abrazo, de alguien que ni siquiera miro,
siento el vacío, que un ser amado suele producir.

Destrozo el vaso, donde el agua cristalina iba a calmarme
en la impotencia, no quiero aceptar que se me fue mamá
me duele tanto, que cada lágrima me quema el alma
el reloj deja de girar y yo sufro el ver que no la veré más.

Hecho pedazos, estoy sentado ante ese cofre iluminado
donde la joya, donde el tesoro más hermoso he de enterrar.
¿Resignación? ¡Que Dios me la devuelva o dejo de creerle!
Mis ojos secos, ya no consiguen poder verla una vez más.

Mi mano izquierda, tiene la rosa que le traía cada lunes,
esa mujer, me dio la vida, y hoy siento que con ella se va.
Mi mano derecha, tiene un puñado de tierra apretada
no somos nada, del polvo vienes y polvo un día serás.

Cuando el cajón, va descediendo no puedo resistirlo
me voy con ella, y abrazado, al féretro donde está mi mamá,
no lo soporto, me duele tanto, que quiero que esto acabe,
y aunque me entienden, entre mis gritos, me logran sacar.

Veo su foto, y aborrezco al tipo que me dio su nombre,
por otros hijos, dejó a mi madre, y nunca regresó.
¿Cómo es posible, que alguien deje a quien lo ama,
y sin sentir culpa, prefiere criar a hijos que no concibió?

Rompo la foto, quemo a ese idiota que nunca llamé padre,
aquel que hizo, que mi madre tenga que aguantar de todo,
la abandonada, la que no supo mantener la familia entera,
viejas chismosas, yo a mi madre la vi llorar de coraje,
porque la que se siente juez critica, y deja un veneno,
que la nobleza, y la bondad suelen recibir sin piedad.

Con media foto, siento la ausencia de la mujer que amo,
aún recuerdo, como lavaba las ollas para que pueda cocinar,
cortaba leña, para que ella con el tizón luche y haga la comida
que en construcciones, a los obreros debía llevarles yo.

Yo vi sus manos, como temblaban al pasar los años,
ya sus pasitos, eran tan cortos, porque la fuerza se había ido.
De tanto extrañarla, en mi cabeza la estoy soñando,
y allí me dice, que dentro mío siempre vivirá.

Ya son seís años, desde que se ha ido, y aún duele mucho
tiendo su cama, pongo su taza, el desayuno siempre es de los dos,
traigo dos rosas, la del lunes, que siempre logró alegrarla,
pues cada lunes, me recordaba por alguna extraña razón.

El alzheimer, la había hecho olvidar quien tenía en frente,
y aunque le era extraño, yo luego del trabajo la iba a ver,
y hoy ante su tumba dejo las dos rosas, que amaba mi madre
la del lunes, y la de mi hija que a su abuelita quería conocer.

Nos vemos el lunes, madre querida, debemos irnos
Adiós abuela, dice la niña que su nombre heredó,
ella es la viva imagen de la mujer que me dio la vida,
y al despedirme siento que mi madre me sonrió.

Te amo mamá, espero que estés divirtiendo a Dios...
 

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