Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ÚLTIMAS EXISTENCIAS
Hubo rostros cuyos ojos incendiaban las salas
donde un enfermo yacía pudibundo.
Espejos cuyas superficies reflejaban
el último episodio de los cuerpos ya difuntos.
Sillas que buscaban compañía
en una larga hilera de alabastros y de libros;
platerías con bosquejos de ecos,
esplendores que difuminaban en el aire
las presencias de otros seres convidados
al banquete de un olvido siniestro.
Hubo lozas que oprimían el cansancio en los espejos.
Sobre un mismo dintel caían todas las líneas de las cosas.
Yo esperaba entonces el mordisco de la soledad
que iba a alimentar
los infortunios y mis miedos.
De Claustro Adentro, libro inèdito (1.995)
Hubo rostros cuyos ojos incendiaban las salas
donde un enfermo yacía pudibundo.
Espejos cuyas superficies reflejaban
el último episodio de los cuerpos ya difuntos.
Sillas que buscaban compañía
en una larga hilera de alabastros y de libros;
platerías con bosquejos de ecos,
esplendores que difuminaban en el aire
las presencias de otros seres convidados
al banquete de un olvido siniestro.
Hubo lozas que oprimían el cansancio en los espejos.
Sobre un mismo dintel caían todas las líneas de las cosas.
Yo esperaba entonces el mordisco de la soledad
que iba a alimentar
los infortunios y mis miedos.
De Claustro Adentro, libro inèdito (1.995)
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