Andrik Navarrete Arias
Poeta recién llegado
Dos esqueletos estaban en la plaza peleando. Golpeándose, mutilándose, hasta uno de los esqueletos —el más grande, y el único intacto— aprovecha su ventaja para someter a su víctima. Lo golpea contra el asfalto, porque todavía no llega a ese clack clack, que tan bien indica la calidad de su ejercicio motriz. Una y otra vez lo golpea, incluso si el esqueleto pequeño, flacucho y sin experiencia, intentara defenderse, aunque hacía nada. Después, el esqueleto grande siguió golpeándose, lo agarró del cuello para ahorcarlo. En la plaza, había otros esqueletos, que se detienen para comentar que ese esqueleto estrangula al otro por la vértebra cervical, de forma ciertamente innecesaria.
Un transeúnte con niños y esposa y abuela, decía que eso era tan gracioso como una anciana aplicándose maquillaje —dijo a la abuela—. Otro transeúnte insiste a su chico a que continúa caminando, que << no suelte su mochila >>, mientras le dice al niño que alguien debe detenerlos, aunque, siendo gente decente y teniendo horarios... no debe arriesgarse tampoco.
Hubo más personas en la multitud, como cierta pareja de esqueletos que discutía. Él la llamaba ofrecida, ella estafador (Clack Clack al fondo). Mutuamente se declararon malditos aficionados al querer del dinero, solo porque sus vecinos tenían todo el suficiente para salir de vacaciones a las Montañas con-picos, y aún así pagar mensualidades en la educación de sus hijos en Inglaterrería. Entre ellos se acusaron de ser tan inútiles para conseguir dinero, que incluso sus respectivas gracias eran denigrantes, de payasos. (clack clack).
El esqueleto grande levanta al otro por el cuello torcido. Le dice:
— ¿Escuchas eso? —gira la cabeza del pequeño donde la pareja— ¡Qué escándalo! ¡Vaya, que perdida de tiempo, ventilar su vida completa!: "Que no trabajas. Que no eres ingeniosa", ¡puaj! ¡Hambrientos! ¡Puaj!
— Sí —dice el pequeño—, ¡qué afán por el dinero! Esa cosa cambia a las personas. Nadie está a gusto con gente así.
Y entonces, continuó la pelea entre los esqueletos. (clack, clack).
Un transeúnte con niños y esposa y abuela, decía que eso era tan gracioso como una anciana aplicándose maquillaje —dijo a la abuela—. Otro transeúnte insiste a su chico a que continúa caminando, que << no suelte su mochila >>, mientras le dice al niño que alguien debe detenerlos, aunque, siendo gente decente y teniendo horarios... no debe arriesgarse tampoco.
Hubo más personas en la multitud, como cierta pareja de esqueletos que discutía. Él la llamaba ofrecida, ella estafador (Clack Clack al fondo). Mutuamente se declararon malditos aficionados al querer del dinero, solo porque sus vecinos tenían todo el suficiente para salir de vacaciones a las Montañas con-picos, y aún así pagar mensualidades en la educación de sus hijos en Inglaterrería. Entre ellos se acusaron de ser tan inútiles para conseguir dinero, que incluso sus respectivas gracias eran denigrantes, de payasos. (clack clack).
El esqueleto grande levanta al otro por el cuello torcido. Le dice:
— ¿Escuchas eso? —gira la cabeza del pequeño donde la pareja— ¡Qué escándalo! ¡Vaya, que perdida de tiempo, ventilar su vida completa!: "Que no trabajas. Que no eres ingeniosa", ¡puaj! ¡Hambrientos! ¡Puaj!
— Sí —dice el pequeño—, ¡qué afán por el dinero! Esa cosa cambia a las personas. Nadie está a gusto con gente así.
Y entonces, continuó la pelea entre los esqueletos. (clack, clack).