jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
el tipo nos dijo que había pasado un par de
años en wyoming y oklahoma sobreviviendo
a base de trabajitos ocasionales y ahora
estaba de vuelta en el pueblo sin más encima
que la ropa que llevaba puesta y aquella navaja
de hoja larga que ofrecía en venta...
y como era la noche de navidad y habíamos
tomado ya una buena cantidad de ponche le
dijimos que entrara y se calentara junto a la
hoguera que ardía en medio del patio y uno
le trajo un vaso de ponche por eso del puto
espíritu navideño
el tipo nos dijo que había tenido que salir sin
despedirse de su último empleo en aquella
granja de oklahoma porque la desaparición de
la hija adolescente del dueño de la granja dio
pie a un desfile ininterrumpido de agentes y
peritos en criminología y comisarios y perros
que husmeaban todo el día por los campos
alrededor y ya se sabe que a un inmigrante
ilegal le cuelgan el delito que se les antoja con
tal de cerrar el expediente y todos contentos
y después del primer vaso de ponche que se
empinó de una sentada le servimos otro porque
en esas fechas tan bonitas donde los hombres
regresan al hogar para dar y recibir amor bajo
el influjo cristiano de la navidad no era cosa de
dejar a un pobre diablo padecer hambre y frío
a la deriva por esos oscuros páramos
el tipo nos dijo que aquella chica solía montar
a caballo al atardecer no lejos de la destartalada
cabaña al fondo de la granja que mister smith le
había dejado en renta a cambio de la mitad del
sueldo de mierda que le pagaba por partirse la
madre 14 horas al día recolectando patatas y
remolacha y que la muy puta siempre andaba
en mini y sin duda bien que se daba cuenta de
que él la espiaba del otro lado de la ventana
luego que nos acabamos el ponche alguien fue
por las botellas de jack daniels y entonces a lo
lejos aulló un coyote o chacal u otro animal de
esos y por un momento nos pareció que en la
oscuridad más allá del vacilante círculo de luz
que proyectaba la hoguera existía un enjambre
callado de cosas y seres que a lo mejor en ese
mismo instante hundían sus lúgubres miradas
en nosotros
el tipo nos dijo que habían encontrado el caballo
de la chica dos días más tarde cerca del río pero
que él creía que a la chica difícilmente la iban a
encontrar porque no se necesitaba ser muy listo
para suponer que si alguien la había violado y
estrangulado por allí cerca lo más lógico era creer
que se habría desecho del cuerpo cortándolo en
pedacitos para luego ir arrojándolos uno a uno
a la caudalosa corriente y a ver cuándo volvían
a juntarlos todos y armar como si dijéramos el
rompecabezas
más tarde en la madrugada se acabó la última
botella y algunos dijeron que irían al pueblo a
buscar aunque fuera un galón de raicilla y otros
simplemente se esfumaron entre los árboles y de
los que se quedaron junto al fuego dos o tres se
tendieron sobre la tierra a descansar y otro se
puso a juntar ramitas para alimentar la lumbre y
el tipo de wyoming y oklahoma dijo que iba a
tirar las aguas y ya no volvió pero nadie pareció
echarlo de menos excepto cuando al amanecer
alguien encontró la navaja que había dejado
olvidada a un lado de la piedra donde había
estado sentado
y cuando uno trató de hacer un chiste diciendo que
aquella navaja era justo lo que le había pedido a
santa clos para ir y arreglar un asuntito pendiente
que tenía con su ex mujer claro que ninguno de los
que todavía andábamos por allí le pudimos hallar
la puta gracia
a lo mejor porque era navidad...
años en wyoming y oklahoma sobreviviendo
a base de trabajitos ocasionales y ahora
estaba de vuelta en el pueblo sin más encima
que la ropa que llevaba puesta y aquella navaja
de hoja larga que ofrecía en venta...
y como era la noche de navidad y habíamos
tomado ya una buena cantidad de ponche le
dijimos que entrara y se calentara junto a la
hoguera que ardía en medio del patio y uno
le trajo un vaso de ponche por eso del puto
espíritu navideño
el tipo nos dijo que había tenido que salir sin
despedirse de su último empleo en aquella
granja de oklahoma porque la desaparición de
la hija adolescente del dueño de la granja dio
pie a un desfile ininterrumpido de agentes y
peritos en criminología y comisarios y perros
que husmeaban todo el día por los campos
alrededor y ya se sabe que a un inmigrante
ilegal le cuelgan el delito que se les antoja con
tal de cerrar el expediente y todos contentos
y después del primer vaso de ponche que se
empinó de una sentada le servimos otro porque
en esas fechas tan bonitas donde los hombres
regresan al hogar para dar y recibir amor bajo
el influjo cristiano de la navidad no era cosa de
dejar a un pobre diablo padecer hambre y frío
a la deriva por esos oscuros páramos
el tipo nos dijo que aquella chica solía montar
a caballo al atardecer no lejos de la destartalada
cabaña al fondo de la granja que mister smith le
había dejado en renta a cambio de la mitad del
sueldo de mierda que le pagaba por partirse la
madre 14 horas al día recolectando patatas y
remolacha y que la muy puta siempre andaba
en mini y sin duda bien que se daba cuenta de
que él la espiaba del otro lado de la ventana
luego que nos acabamos el ponche alguien fue
por las botellas de jack daniels y entonces a lo
lejos aulló un coyote o chacal u otro animal de
esos y por un momento nos pareció que en la
oscuridad más allá del vacilante círculo de luz
que proyectaba la hoguera existía un enjambre
callado de cosas y seres que a lo mejor en ese
mismo instante hundían sus lúgubres miradas
en nosotros
el tipo nos dijo que habían encontrado el caballo
de la chica dos días más tarde cerca del río pero
que él creía que a la chica difícilmente la iban a
encontrar porque no se necesitaba ser muy listo
para suponer que si alguien la había violado y
estrangulado por allí cerca lo más lógico era creer
que se habría desecho del cuerpo cortándolo en
pedacitos para luego ir arrojándolos uno a uno
a la caudalosa corriente y a ver cuándo volvían
a juntarlos todos y armar como si dijéramos el
rompecabezas
más tarde en la madrugada se acabó la última
botella y algunos dijeron que irían al pueblo a
buscar aunque fuera un galón de raicilla y otros
simplemente se esfumaron entre los árboles y de
los que se quedaron junto al fuego dos o tres se
tendieron sobre la tierra a descansar y otro se
puso a juntar ramitas para alimentar la lumbre y
el tipo de wyoming y oklahoma dijo que iba a
tirar las aguas y ya no volvió pero nadie pareció
echarlo de menos excepto cuando al amanecer
alguien encontró la navaja que había dejado
olvidada a un lado de la piedra donde había
estado sentado
y cuando uno trató de hacer un chiste diciendo que
aquella navaja era justo lo que le había pedido a
santa clos para ir y arreglar un asuntito pendiente
que tenía con su ex mujer claro que ninguno de los
que todavía andábamos por allí le pudimos hallar
la puta gracia
a lo mejor porque era navidad...