Nat Guttlein
さん
Soy una esponja emocional.
Me lo detectó el doctor.
Ese,
si aquel,
que me suelo encontrar cuando cierro los ojos,
y me repite como el padre nuestro,
la cantidad de defectos que llevo encima y se delizan por los cabellos de mi cabeza.
Todo lo que me rodea se vuelve gris,
un conjunto de colores fríos,
que me resguardan de lo que me rodea.
Porque sentir algo me da miedo.
Vivo en un mundo,
en donde el deporte nacional es herir y lastimar.
Ya no quiero competir.
No quiero correr ni caminar.
No quiero.
Ya no deseo nada.
La apatia me consume y me delata.
Mi familia creo que comieza a darse cuenta.
Porque en los ojos se refleja todo,
y los míos cada vez pierden más su color marrón.
Yo no sé nada del amor,
lo poco que conozco es lo leído en libros y poemas ridículos.
No saber me ayuda a no buscarlo.
No encontrarme me salva.
Porque en donde no hay nada para rescatar,
conviene ahogarse con la marea.
Como un buen capitan,
que observa como el agua le enfría los pies,
y decide mantenerse firme,
dando paso a la muerte con la frente en alto.
Mi habitación es mi navío,
y creo que el fin se acerca entre las manchas de húmedad que me rodean.
Yo ya soy parte de ellas.
Me lo detectó el doctor.
Ese,
si aquel,
que me suelo encontrar cuando cierro los ojos,
y me repite como el padre nuestro,
la cantidad de defectos que llevo encima y se delizan por los cabellos de mi cabeza.
Todo lo que me rodea se vuelve gris,
un conjunto de colores fríos,
que me resguardan de lo que me rodea.
Porque sentir algo me da miedo.
Vivo en un mundo,
en donde el deporte nacional es herir y lastimar.
Ya no quiero competir.
No quiero correr ni caminar.
No quiero.
Ya no deseo nada.
La apatia me consume y me delata.
Mi familia creo que comieza a darse cuenta.
Porque en los ojos se refleja todo,
y los míos cada vez pierden más su color marrón.
Yo no sé nada del amor,
lo poco que conozco es lo leído en libros y poemas ridículos.
No saber me ayuda a no buscarlo.
No encontrarme me salva.
Porque en donde no hay nada para rescatar,
conviene ahogarse con la marea.
Como un buen capitan,
que observa como el agua le enfría los pies,
y decide mantenerse firme,
dando paso a la muerte con la frente en alto.
Mi habitación es mi navío,
y creo que el fin se acerca entre las manchas de húmedad que me rodean.
Yo ya soy parte de ellas.