En mi silencio hay una voz desolada.
Por las calles desiertas hay sólo muerte.
La noche marcha allá de la madrugada
Y cae por tierra el ánimo del más fuerte.
Mi pueblo es ahora, un frío cementerio,
dónde la fobia es macabro enterrador.
Es tierra esclava dentro de un gran imperio,
que produce ahora sólo pena y dolor.
Mi pueblo derramó sangre por fronteras
que quedaban entre la vida y la muerte;
esclavizado sirvió en las galeras
bajo el mando del látigo del más fuerte.
Mi pueblo no tiene viviendas ni lechos,
se viste de negro y vive con la ausencia.
Camina triste por senderos estrechos,
y le sangran los labios por su impotencia.
En mi humilde pueblo vive la pobreza,
en cuyos hogares hay frío en agosto
y sólo beben lágrimas en su mesa,
mientras su llanto, apenas le dan disgusto.
Su destino es sufrir el duro abandono,
que la mala suerte hay tiempos que le echó,
en un jardín abierto en ventoso otoño
cuyo aroma, la guerra lo aniquiló.
Mi pueblo es el molino que muele el trigo
para la mesa del poderoso señor.
Mi pueblo no tiene fuego ni abrigo,
tan sólo, esclavitud, angustia y dolor.
En mi pueblo vive el sueño embaucador,
las cadenas y el látigo del más fuerte.
En mi pueblo tan sólo queda el amor;
en mi pueblo, sólo se inhala la muerte
Por las calles desiertas hay sólo muerte.
La noche marcha allá de la madrugada
Y cae por tierra el ánimo del más fuerte.
Mi pueblo es ahora, un frío cementerio,
dónde la fobia es macabro enterrador.
Es tierra esclava dentro de un gran imperio,
que produce ahora sólo pena y dolor.
Mi pueblo derramó sangre por fronteras
que quedaban entre la vida y la muerte;
esclavizado sirvió en las galeras
bajo el mando del látigo del más fuerte.
Mi pueblo no tiene viviendas ni lechos,
se viste de negro y vive con la ausencia.
Camina triste por senderos estrechos,
y le sangran los labios por su impotencia.
En mi humilde pueblo vive la pobreza,
en cuyos hogares hay frío en agosto
y sólo beben lágrimas en su mesa,
mientras su llanto, apenas le dan disgusto.
Su destino es sufrir el duro abandono,
que la mala suerte hay tiempos que le echó,
en un jardín abierto en ventoso otoño
cuyo aroma, la guerra lo aniquiló.
Mi pueblo es el molino que muele el trigo
para la mesa del poderoso señor.
Mi pueblo no tiene fuego ni abrigo,
tan sólo, esclavitud, angustia y dolor.
En mi pueblo vive el sueño embaucador,
las cadenas y el látigo del más fuerte.
En mi pueblo tan sólo queda el amor;
en mi pueblo, sólo se inhala la muerte