BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay un decorado insustancial al fondo.
Praderas que se deslizan y simultáneamente
se chocan entre sí. Ruidos y épicas, fangos
anquilosados, dentaduras postizas, rosas artificiales.
Ya, como el mundo entero, enfermo y avaro,
se aproxima una polvareda plomiza de calvas
y alopecias efímeras. Los niños luchan, las vacas
se destetan pronto, y los labios aprenden a decir
'sí', como si esto les salvara de la catástrofe.
Hay un polvorín de glorias malsanas fabricando
su lenguaje pomposo y lleno de orín, y una peluca
que planea sobre los envoltorios de espuma y alto copete.
Cotillones derribados, objetos en desorden,
y un músculo que se expande al contacto con el pubis.
Y el viento, tan pesado y grave, como una mano
que se agarra el cabello lánguido y frágil, endeble.
Son cosas de otro mundo ya, descritas por una mano
que recibe su propio pis, para sanar heridas.
©
Praderas que se deslizan y simultáneamente
se chocan entre sí. Ruidos y épicas, fangos
anquilosados, dentaduras postizas, rosas artificiales.
Ya, como el mundo entero, enfermo y avaro,
se aproxima una polvareda plomiza de calvas
y alopecias efímeras. Los niños luchan, las vacas
se destetan pronto, y los labios aprenden a decir
'sí', como si esto les salvara de la catástrofe.
Hay un polvorín de glorias malsanas fabricando
su lenguaje pomposo y lleno de orín, y una peluca
que planea sobre los envoltorios de espuma y alto copete.
Cotillones derribados, objetos en desorden,
y un músculo que se expande al contacto con el pubis.
Y el viento, tan pesado y grave, como una mano
que se agarra el cabello lánguido y frágil, endeble.
Son cosas de otro mundo ya, descritas por una mano
que recibe su propio pis, para sanar heridas.
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