Un momento en la tarde invernal.

Amarga tristeza entre las dos orejas.
Tras los cigarrillos que fuma el viento.
Solo, en un banco de una plaza sentado.
Como un reloj parado; el sentir, apagado, apagado.
Absorto el sueño contempla, mecido en su gabardina;
a su monarca del hueso, tembloroso de frío y preso.

Muy amarga ha de ser la situación de quien se queda así como suspendido, sin movimiento o por un encantamiento. Un placer leerte.
 
Amarga tristeza entre las dos orejas.
Tras los cigarrillos que fuma el viento.
Solo, en un banco de una plaza sentado.
Como un reloj parado; el sentir, apagado, apagado.
Absorto el sueño contempla, mecido en su gabardina;
a su monarca del hueso, tembloroso de frío y preso.

Detenida experiencia, pensamiento en ojo impasible
que se hace cristal de ese reino de la observacion.
felicidades un poema de existencia que traspasa
y marca el tronco plegado del instante. magnifico,
luzyabsenta
 

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