Carlos Rodríguez Morales
Poeta recién llegado
Aflojando las ansias de existir
un momento
como un ciego suspirando sobre sus húmedas manos
salgo a caminar el naufragio de las palabras grises
que sofocan
este lago presuntuoso.
¿Qué escribiremos poetas?
quien perdonará las omisiones
los cantos perdidos
cómo o cuándo diremos las frases correctas
tratando de aparentar una sonrisa
de simular un abrazo entre serpientes
que no deben saber que me alejo
bajo un trueno
como una sombra.
Porque los cientos de miles que se esconden
en las madrigueras del producto
intoxicados a favor del progreso
apoyan sus manos quebrajadas por el hollín
en el ir y venir de las materias
en nauseabundas cabezas eléctricas
de exuberantes olores
en la piel muerta, demasiada pintura
en el rostro de las mujeres
como un orgasmo colectivo
en cualquier calle de Sodoma.
No diré adiós
hare de la vulgaridad un arte
he nacido en sábado
un fresco día de Otoño
tengo 36 años y 364 días
han pasado 13.512 días, 444 meses, 1930 semanas
ni un minuto más en la respiración
ni una lágrima menos
en esta urdida polis.
Como un viejo suspirando sobre sus húmedas manos
salgo a caminar
a fumar la vida entre lunas y cuervos
entre ovejas y hienas
afilando las ganas de existir
un momento.
un momento
como un ciego suspirando sobre sus húmedas manos
salgo a caminar el naufragio de las palabras grises
que sofocan
este lago presuntuoso.
¿Qué escribiremos poetas?
quien perdonará las omisiones
los cantos perdidos
cómo o cuándo diremos las frases correctas
tratando de aparentar una sonrisa
de simular un abrazo entre serpientes
que no deben saber que me alejo
bajo un trueno
como una sombra.
Porque los cientos de miles que se esconden
en las madrigueras del producto
intoxicados a favor del progreso
apoyan sus manos quebrajadas por el hollín
en el ir y venir de las materias
en nauseabundas cabezas eléctricas
de exuberantes olores
en la piel muerta, demasiada pintura
en el rostro de las mujeres
como un orgasmo colectivo
en cualquier calle de Sodoma.
No diré adiós
hare de la vulgaridad un arte
he nacido en sábado
un fresco día de Otoño
tengo 36 años y 364 días
han pasado 13.512 días, 444 meses, 1930 semanas
ni un minuto más en la respiración
ni una lágrima menos
en esta urdida polis.
Como un viejo suspirando sobre sus húmedas manos
salgo a caminar
a fumar la vida entre lunas y cuervos
entre ovejas y hienas
afilando las ganas de existir
un momento.