Teo Moran
Poeta fiel al portal
Aparentemente, con tibieza, se caen las hojas
de aquel enjuto árbol que fallece entre mis manos,
y aún no sé como llenar sus raíces sedientas
con el agua salada que fluye atormentada
por el fervor de unas palabras que ya no creen,
donde la voz se deshace con brusquedad
queriendo tomar para sí la razón y el recuerdo,
signos de vida en la herida que curada hiere,
en un mundo dominado por sueños errantes,
por imágenes sin cargo en los muros de la gente.
Será por eso, y por otras sutilezas del pasado
que bebo de un viento incoherente y alejado de la vida.
Cruzo mi vela deformada por la desidia,
pongo rumbo a lo desconocido y sin gobierno
me reafirmo en mi juramento de pescador,
mas mi red son solo los dedos gangrenados
que de forma inmutable son alimento
para aquellos peces que rompen las olas,
quiebran los arrecifes con sus finas espinas.
Aparentemente, con pulcritud, las palabras
yerguen del carámbano salino del papel,
sobreviven a la sombra del buitre en lo alto
y al deseo de volar de la blanca mariposa,
pero yo en el vano intento golpeo al cristal
mientras el águila me busca entre los pinos,
sobrevive ella también en la penumbra del camino
y aún no sé la razón de la herida que lleva a cuestas.
Aquí no hay mar, solo un horizonte de mortales
que escriben con todas las palabras delicadas,
y en la distancia sus imágenes sin cargo
sobreviven a un último y melancólico verso.
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