Francisco Aravena
Poeta recién llegado
¿Qué hay de malo en querer estar solo?
¿Por qué debería darle mi tiempo sólo a mis amigos?
Si para ellos es tan valioso pasar tiempo conmigo,
¿Por qué no me dejan aprovechar ese tiempo y ser mi propio amigo?
No es que no valore a mi gente, los amo.
No es que no quiera estar con ellos
Sólo un poco de mi tiempo reclamo.
Poder disfrutar un día escuchando mi corazón,
Y retomar textos antiguos que no encontraron conclusión.
Poder sentarme y respirar tranquilo,
Y olvidarme un tiempo de vivir siempre al filo.
Dejar de caminar en la línea del horizonte
Que el tren de las doce se vuelve indiferente.
Olvidarme de que mi familia crea que soy perfecto,
Y no se den cuenta que como todos los hijos estoy lleno de defectos.
Si los errores de la vida nos hacen aprender,
Creo que aprendo más rápido que el común de la gente.
Agradezco a mis amigos, mis pilares que no me dejan caer,
Pero no dependo de nadie porque sé que no estarán para siempre.
De vez en cuando busco la soledad, en ella me siento fuerte.
Mis momentos en soledad me los agradece mi arte.
En soledad sano las heridas y me conozco,
Y después de estar en silencio renazco.
Almaceno las desilusiones en una cajita bajo mi cama.
Por las noches salen a pasear y en mi descanso me quitan la calma.
Antes que todo hoy prefiero el silencio,
Me hago una película sin cortes de lo que a diario sentencio.
Al salir de mi mundo hermético, la recompensa está en mis manos.
No hay arrugas, heridas, ni yagas, ni llantos ni reclamos.
Al sentirme bien, siento que felicidad derramo.
El poder sentirme libre es lo que amo.