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Un silencio infernal

JimmyShibaru

Poeta recién llegado
La cafetera hervía mas lento de lo normal. Las horas se pasaban mirando al vacío. Leire y Víctor se hablaban con la mirada, las palabras estaban de más. El silencio se había apoderado de la casa. Leire se secaba los ojos húmedos, no lo podía evitar. Sus manos arrugadas, el vestido de seda que llevaba puesto. La camisa algo descolocada de su marido y el pantalón torcido bien apretado de cintura. La habitación que no se podía mencionar, seguía en el mismo sitio y con los mismos muebles. La cama sin hacer, pero da igual. El aire denso y helado. Pasaron meses, pero todo sucedía tan lento que era como estar en el infierno eterno.


En aquellas noches, unas notas de guitarra acústica resonaban por las paredes. Leire no podía dormir con esa melodía que venia y se iba como un eco repetitivo. Víctor intentó convencer a su mujer que era el viento.


—El viento no desafina. —dijo ella con enfado y al mismo tiempo con un aire de tristeza.


Al día siguiente…


Leire entró en la habitación y la ropa doblada sobre el escritorio seguía acumulando polvo. Un cinturón en la esquina de la cama esperando ser utilizado de nuevo. Víctor en cambio pasaba por delante del pasillo donde estaba el tendedero. Un crujir resonó y él se repitió:


—Solo es el viento, solo el viento…
 
La cafetera hervía mas lento de lo normal. Las horas se pasaban mirando al vacío. Leire y Víctor se hablaban con la mirada, las palabras estaban de más. El silencio se había apoderado de la casa. Leire se secaba los ojos húmedos, no lo podía evitar. Sus manos arrugadas, el vestido de seda que llevaba puesto. La camisa algo descolocada de su marido y el pantalón torcido bien apretado de cintura. La habitación que no se podía mencionar, seguía en el mismo sitio y con los mismos muebles. La cama sin hacer, pero da igual. El aire denso y helado. Pasaron meses, pero todo sucedía tan lento que era como estar en el infierno eterno.


En aquellas noches, unas notas de guitarra acústica resonaban por las paredes. Leire no podía dormir con esa melodía que venia y se iba como un eco repetitivo. Víctor intentó convencer a su mujer que era el viento.


—El viento no desafina. —dijo ella con enfado y al mismo tiempo con un aire de tristeza.


Al día siguiente…


Leire entró en la habitación y la ropa doblada sobre el escritorio seguía acumulando polvo. Un cinturón en la esquina de la cama esperando ser utilizado de nuevo. Víctor en cambio pasaba por delante del pasillo donde estaba el tendedero. Un crujir resonó y él se repitió:


—Solo es el viento, solo el viento…
Un ambiente de tensión y tristeza en el hogar.

Saludos
 

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