Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Un símbolo de luz
Ahora, añadirás un uno a la operación para eludir los infinitos; si luego es un error, dalo ya por sentado, te costará un menos introducirlo.
No solo vinieron diciendo que la Tierra era redonda (hecho que ya se sabía desde tiempos del fratricida) sino que, además, giraba. No contentos con ello, añadían la mudanza y su traslado.
Después, vino uno que nos dijo: "es todo en todo y a la vez". El siguiente, confesó, que relativo a su doblez, la curva que hace todo lo absoluto, es una recta, que invisible, al alejarse da la vuelta relativa a quien la ve. Si aquí acabara la historia sería una y mal contada; así como la igualdad a la ecuación, las partículas se dividen, multiplican, se destruyen. Nacen otras tantas puntas con sus muchas reacciones, que sucesos ya son tantos, que una línea imaginaria está siendo, en lugares infinitos, y uno es ciento, recorrida y aplastada por los cuantos.
La belleza matemática por sí sola ya es un éxito; si además, la realidad nos confirma el ideal, nos sorprende la experiencia de algo exacto, que sabíamos era obra de recóndita verdad. El extremo de la muerte es insensible y lleva el nácar ruidoso del olvido. La esperanza eventual de lo presente es sacar el mismo número infinitas veces. Se suspendieron las visitas y el nostálgico albedrío de una siesta es reproche que convence alguna tarde. Ocurría la cuenta en desconcierto, y la única y solitaria hora, de senos marchitos, despertaba con los signos aprendidos de los sueños. La resistencia estuvo a punto de atropellar al escolar; conforme al mundo, la sala practicaba lo inflexible que provocaba la llegada del doméstico uniforme. Por dos veces se obligó a la vida a reanudarse y el prolongado agobio de un verano autoritario, sedujo independientes de mirada suspicaz. Luego, después de la piedad, que enrarece los destinos, vino a suceder la nueva forma: los pretextos de unos folios que ahora es libro. Disminuyó el calor en la ilusión fúnebre y serena; el peso de la conciencia de ser luna, sol y piedra; de ser la estrella, de ser demonio, de ser ella. La palabra recibida, de roja letra y mañana azul, se interrumpió de impresa moda. Cargada en la decrépita evidencia, saludó mediante un símbolo de luz.
Ahora, añadirás un uno a la operación para eludir los infinitos; si luego es un error, dalo ya por sentado, te costará un menos introducirlo.
No solo vinieron diciendo que la Tierra era redonda (hecho que ya se sabía desde tiempos del fratricida) sino que, además, giraba. No contentos con ello, añadían la mudanza y su traslado.
Después, vino uno que nos dijo: "es todo en todo y a la vez". El siguiente, confesó, que relativo a su doblez, la curva que hace todo lo absoluto, es una recta, que invisible, al alejarse da la vuelta relativa a quien la ve. Si aquí acabara la historia sería una y mal contada; así como la igualdad a la ecuación, las partículas se dividen, multiplican, se destruyen. Nacen otras tantas puntas con sus muchas reacciones, que sucesos ya son tantos, que una línea imaginaria está siendo, en lugares infinitos, y uno es ciento, recorrida y aplastada por los cuantos.
La belleza matemática por sí sola ya es un éxito; si además, la realidad nos confirma el ideal, nos sorprende la experiencia de algo exacto, que sabíamos era obra de recóndita verdad. El extremo de la muerte es insensible y lleva el nácar ruidoso del olvido. La esperanza eventual de lo presente es sacar el mismo número infinitas veces. Se suspendieron las visitas y el nostálgico albedrío de una siesta es reproche que convence alguna tarde. Ocurría la cuenta en desconcierto, y la única y solitaria hora, de senos marchitos, despertaba con los signos aprendidos de los sueños. La resistencia estuvo a punto de atropellar al escolar; conforme al mundo, la sala practicaba lo inflexible que provocaba la llegada del doméstico uniforme. Por dos veces se obligó a la vida a reanudarse y el prolongado agobio de un verano autoritario, sedujo independientes de mirada suspicaz. Luego, después de la piedad, que enrarece los destinos, vino a suceder la nueva forma: los pretextos de unos folios que ahora es libro. Disminuyó el calor en la ilusión fúnebre y serena; el peso de la conciencia de ser luna, sol y piedra; de ser la estrella, de ser demonio, de ser ella. La palabra recibida, de roja letra y mañana azul, se interrumpió de impresa moda. Cargada en la decrépita evidencia, saludó mediante un símbolo de luz.