Un sutil ungüento de silencio

tyngui

Poeta que considera el portal su segunda casa
Negro atardecer y las sombras desvelan la agonía fantástica, que recubre la piel reseca de la razón.
Sintomatología urbana de las horas cargadas de sal, bajo un torrente estoico de destino incierto, que tardará en demorar.
La duda empaca lentamente sus sencillas mudas, sospecha que el dolor será virtual. Se viste de seda, pues la noche no tarda en llegar.
En tres pasos colmará el certero dialogo de ardid, desde su tersura molesta y su mal llevado sarcasmo, añadirá al morbo, un sutil ungüento de silencio y oraciones, que Irán calmando la liquidez rojiza del horizonte en llamas.
Todo en silenciosa calma de mutandad acechante.
Aun no es tiempo de asaltarnos al olvido.
Despeluchando semblanzas pasar.
Aun no es tiempo de viajar.
 
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