Y
Yaiza
Invitado
Caminé bajo la luna
esa noche del adiós,
me sentí inoportuna
y le pedí ayuda a Dios.
Sé que de poco a valido
el cariño que profeso,
se ha cansado mi latido
y en silencio ahora rezo.
Cada trozo de mi alma
hoy la observo de reojo
tan volátil es la calma
que brota líquido rojo.
Quisiera no ser aquella
que el corazón extravió,
la que sigue alguna huella
y el amor acarició.
Cavilando en esta noche
mi dolencia incrementó,
el sonido del reproche
en mi pecho se adentró.