BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una barca, un residuo
de imágenes entrañables;
una casa, un cúmulo de
bosques que anticipan giros
letales de luna y delirios.
Un bosque, la naturaleza
intacta entre rieles de belleza
culminada entre serpientes.
Un sueño, brusca impaciencia,
de terminantes secuencias con
besos ofrecidos en la espalda tañida.
Un desván, donde se guardan
cánticos inverosímiles, puertas
al silencioso invierno, razones
por las que, todavía, no desistir.
Un espejo, esa fluctuante piel
con huellas compartimentadas,
en la que se miran, con recelo,
una barca, el sueño, el bosque
y la casa.
©
de imágenes entrañables;
una casa, un cúmulo de
bosques que anticipan giros
letales de luna y delirios.
Un bosque, la naturaleza
intacta entre rieles de belleza
culminada entre serpientes.
Un sueño, brusca impaciencia,
de terminantes secuencias con
besos ofrecidos en la espalda tañida.
Un desván, donde se guardan
cánticos inverosímiles, puertas
al silencioso invierno, razones
por las que, todavía, no desistir.
Un espejo, esa fluctuante piel
con huellas compartimentadas,
en la que se miran, con recelo,
una barca, el sueño, el bosque
y la casa.
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