Jorge Buckingham
Poeta recién llegado
En el descanso del único horizonte,
en la beldad de las delicias de un mundo,
dejé mis raíces en tu piel de unicornio;
corrigiendo una vez más ésta sábana.
A la luz del ejemplo vegetal,
al derribar las olas de una mente virgen,
salí a pedir verbos al Cielo
para esperar esa risa de muerte.
¡Qué llanto tan dulce!
(Imágenes de un nuevo talento).
Es siniestro aquél ojo fundamental.
Es el ocaso de pura blasfemia.
Tan simple. Tan delicado.
Una niña abre las puertas del templo:
Emerge con fuerzas del mar sin pecado.
en la beldad de las delicias de un mundo,
dejé mis raíces en tu piel de unicornio;
corrigiendo una vez más ésta sábana.
A la luz del ejemplo vegetal,
al derribar las olas de una mente virgen,
salí a pedir verbos al Cielo
para esperar esa risa de muerte.
¡Qué llanto tan dulce!
(Imágenes de un nuevo talento).
Es siniestro aquél ojo fundamental.
Es el ocaso de pura blasfemia.
Tan simple. Tan delicado.
Una niña abre las puertas del templo:
Emerge con fuerzas del mar sin pecado.
Última edición: