licprof
Poeta fiel al portal
pero dicha dichosa cuarentena no podìa durar eternamente:
habìa que flexibilizarla de alguna manera: abrir comercios y otros locales o negocios
de lo contrario, la ya alicaìda economìa se caerìa a pedazos
el paìs entrarìa en quiebra, en inevitable default financiero
los fondos buitres acechaban siempre buscando el zarpazo definitivo
los empleados pùblicos vivìan de sus sueldos que cobraban en tiempo y forma
pero los pequeños comerciantes y cuentapropistas vivìan una situaciòn inèdita, inaudita:
no habìa un mango por ninguna parte, todo cerrado a causa de la pandemia mundial
encima se acercaba el invierno, caìan las amarillas hojas del otoño
llovìa incesantemente, incluso algunas regiones se inundaban
para colmo de males
es decir que habìa que agregar la proliferaciòn de determinadas especies de mosquitos
que contagiaban enfermedades como el dengue, el chukunguña y similares
muchas personas hartas del encierro decretado por el gobierno, el llamado aislamiento
desesperadas lo violaban
para tomar un poco de sol
un poco de aire
ancianas señoras adineradas cruzaban la avenida libertador general san martìn
para solearse convenientemente
el gobierno pensaba flexibilizar algunas actividades
para no hablar de los niños y sus familias
las patologìas mentales y cardiovasculares
se extendìan por la ciudad como una peste
los delincuentes no cesaban en su accionar criminal
los estafadores profundizaban en su creatividad delictual
que les permitìa evadir la ley y producir nuevas trampas
el virus no perdonaba a nadie ni siquiera a los denodados y heròicos trabajadores de la salud
que eran aplaudidos por los ciudadanos puntualmente cada noche en todos los balcones de la ciudad
pero tambièn se sucedìan algunos actos discriminatorios
protagonizados por personas digamos ignorantes
o simplemente malèvolas
que parecen desconocer las màs elementales reglas de cortesìa
y urbanidad
esto no es todo: muchos animales convergìan en las ciudades:
serpientes venenosas, jaguares y toda clase de insectos
cada tanto, provistos del barbijo o tapabocas reglamentario
nos dirigìamos a la verdulerìa
o en su defecto al supermercado
con el objeto de estar bien alimentados
para aumentar la inmunidad y fortaleza
segùn recomendaban diariamente muchos mèdicos y otros especialistas
cada dìa en la pantalla del televisor
como si se tratara de una novela de ciencia ficciòn
de ray bradbury
o
aldous huxley
o
george orwell
efectivamente: la realidad iba parecièndose cada dìa màs
a un mundo vagamente orwelliano u
hobbesiano
y la televisiòn machacaba todos los dìas, todo el dìa
con las mismas noticias de siempre
salvo honradas excepciones
como programas gastronòmicos
humorìsticos
o de chimentos
y nunca sabìamos a ciencia cierta
en què dìa de la semana estàbamos
incluyendo en esto feriados
y fines de semana
habìa que flexibilizarla de alguna manera: abrir comercios y otros locales o negocios
de lo contrario, la ya alicaìda economìa se caerìa a pedazos
el paìs entrarìa en quiebra, en inevitable default financiero
los fondos buitres acechaban siempre buscando el zarpazo definitivo
los empleados pùblicos vivìan de sus sueldos que cobraban en tiempo y forma
pero los pequeños comerciantes y cuentapropistas vivìan una situaciòn inèdita, inaudita:
no habìa un mango por ninguna parte, todo cerrado a causa de la pandemia mundial
encima se acercaba el invierno, caìan las amarillas hojas del otoño
llovìa incesantemente, incluso algunas regiones se inundaban
para colmo de males
es decir que habìa que agregar la proliferaciòn de determinadas especies de mosquitos
que contagiaban enfermedades como el dengue, el chukunguña y similares
muchas personas hartas del encierro decretado por el gobierno, el llamado aislamiento
desesperadas lo violaban
para tomar un poco de sol
un poco de aire
ancianas señoras adineradas cruzaban la avenida libertador general san martìn
para solearse convenientemente
el gobierno pensaba flexibilizar algunas actividades
para no hablar de los niños y sus familias
las patologìas mentales y cardiovasculares
se extendìan por la ciudad como una peste
los delincuentes no cesaban en su accionar criminal
los estafadores profundizaban en su creatividad delictual
que les permitìa evadir la ley y producir nuevas trampas
el virus no perdonaba a nadie ni siquiera a los denodados y heròicos trabajadores de la salud
que eran aplaudidos por los ciudadanos puntualmente cada noche en todos los balcones de la ciudad
pero tambièn se sucedìan algunos actos discriminatorios
protagonizados por personas digamos ignorantes
o simplemente malèvolas
que parecen desconocer las màs elementales reglas de cortesìa
y urbanidad
esto no es todo: muchos animales convergìan en las ciudades:
serpientes venenosas, jaguares y toda clase de insectos
cada tanto, provistos del barbijo o tapabocas reglamentario
nos dirigìamos a la verdulerìa
o en su defecto al supermercado
con el objeto de estar bien alimentados
para aumentar la inmunidad y fortaleza
segùn recomendaban diariamente muchos mèdicos y otros especialistas
cada dìa en la pantalla del televisor
como si se tratara de una novela de ciencia ficciòn
de ray bradbury
o
aldous huxley
o
george orwell
efectivamente: la realidad iba parecièndose cada dìa màs
a un mundo vagamente orwelliano u
hobbesiano
y la televisiòn machacaba todos los dìas, todo el dìa
con las mismas noticias de siempre
salvo honradas excepciones
como programas gastronòmicos
humorìsticos
o de chimentos
y nunca sabìamos a ciencia cierta
en què dìa de la semana estàbamos
incluyendo en esto feriados
y fines de semana
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