Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Cementerio de palabras: Aquí yacen mis huesos, parafraseando al enorme silencio.
Muero del dolor fantasma de tu cuerpo de mí arrancado.
Sucede que te quiero porque estás lejos.
Me acabo la vida en el morir de tu cuerpo.
Era tu mirada alargada por el viento.
Quién como el sol que nunca vuelve a la misma tarde.
Nadie le dijo que se murió.
Si la Rosa callase su nombre tal vez olería a mierda.
Toda la noche ensayé el abandono.
Éramos nosotros tan solo la premura de un avance casi a ciegas por vaivenes.
Estoy cansado, Bécquer, de ir por la vida masturbando golondrinas.
Quizás otro llamado te secuestró.
¿Qué tan lejos queda lo lejos?
La tos no sirve como despertador cuando ninguno de los dos duerme.
Estoy listo para vivir y morir en el intento.
De ciertas noches desiertas.
Mirarte tiene su secreto riesgo: no encontrarme en tus ojos.
Yo soy la voz de mi río.
Diva caída del núbil pedestal de la primavera.
He despertado. Abro los ojos. Estallo.
Asexuadas sirenas suicidas desnudas nadan en mi bañera.
¿Cómo le explico a mis manos lo que es el olvido?
La próxima estación da al Centro, al invierno, a la cantina, al olvido.
No soy yo lo que tú buscabas, ni eres tú a quien yo esperé.
Yo tengo mucha prisa y tú todo el tiempo.
Memoria: interesante colección de intenciones de intentos fallidos.
Un noviembre inconcluso que durará para siempre.
Siempre puede ser mucho o poco. Aspiremos a que nunca sea suficiente.
La memoria del alba no sabe que te has ido.
Un camión atropella el recuerdo y mi cuerpo despierta fracturado.
La mirada de Adriana valía por todas las ventanas por las cuales no miré.
Quiero escuchar los sueños que te disfrazan de caracola.
Tus caricias plenas de manos diferentes y mis palabras que mojaban tus oídos.
El olvido está en un idioma que no comprendo.
Mis solos diez dedos y su disimulada ceguera.
Me gusta amarte desde la raíz de tus ojos hasta el confín de tus orillas.
Decir tu nombre siempre fue incendiarlo.
He gastado media muerte en encontrarte.
De no ser porque aún huelo mi cadáver pensaría que estoy muerto.
La sed se sabe espejismo del desierto.
Una manzana se pudre de pera.
Dime en los labios que no tenga miedo.
¿Cuántos nombres de eclipses sabrán tu boca? Y somos boca.
Al sueño le dolía tu cuerpo.
Parece que el tiempo se detuvo en la esquina a esperar que pasemos.
Tan anchos de carne para el alma.
Probaré la libertad de morir en hojas.
El bies de la cortina siempre te deja con peces en los cabellos.
Siempre llego al olvido con más de lo indispensable.
Una lenta furia agazapada.
Es un sitio exacto que no encuentro en el mapa.
Eco de tu ojo.
Boca póstuma al adiós que aún dice luego.
Que los ángeles de Abuela no te cuenten que moriste.
A mitad del viento rutilas tu evidencia de estrella.
Encontré mis manos predestinadas a la ternura pero amputadas de sus caricias.
Eres una tersa invocación que anda al sur de una nostalgia.
Camas y muertes separadas.
Cuando estás tan cerca de nunca haber estado.
Estoy vivo para presenciar mi entierro.
Cerré mi corazón y solo yo me quede afuera.
Algo que no te perfuma llega a ser flor en mis entrañas.
Nunca he sabido decir vida sin querer ser bicicleta.
Tiene un pudor de labio que se desvistió de un beso.
Para que ninguna más muera de hambre, muerde, Eva, la manzana.
Hay que ahuyentar con las manos todo azar de dispersión.
Cuando nos quedamos solos, tú y yo con tu ausencia.
El café entibia su destino de orina apenas el insomnio se encierra en la boca.
Oscuridad que no se pudre con los ojos.
Nunca serás mi ayer.
Monumento a nadie para no acordarse.
Te tengo a ti en alguna parte que no tengo.
La caricia de tu ausencia te va desdibujando.
Anunciaban dentífricos para espejos con mal aliento.
Un nenúfar de cristal en estanque de agua clara.
Me fui muy lejos para que el llanto no me alcanzara.
Todos los ríos ahogados son suicidas.
Tócame tú con tu juventud las cuerdas.
Mirando una magnolia traspasada por su color.
Mi vida no siente más miedo se ser una fábula de tus pupilas.
Se extingue la piedra y escucho su llanto ascender por el váter.
Soñada extensión de mano; mano imposible de cuerpo.
Chavela, qué bellos te quedan mis ojos en tu llanto.
Para no esperarte me levanté de mis ojos y me fui a no verte a otra parte.
Algo así como liberar a Excálibur para entregarla a los carniceros.
Di que fui tu soledad de trigo cuando la hoz de la mañana segó el primer pan.
Estos pájaros son muñones al aire que quieren atrapar un color o un canto.
El frenesí de la piedra es mi espejo.
Mi sofá es delicia de faquir.
Todavía estoy soñando que no llega el día.
Está mi beso pidiendo alas a los aviones o las moscas.
Digo una tempestad donde tu piel hunde mis barcos.
Que muerda su cola la serpiente de mi lengua.
Yo la digo con todas las cosas porque todas las cosas la dicen de alguna manera.
Nos dejan en los ojos del hambre, pero sin la mirada.
El árbol no encuentra su sombra porque ya se hundió en ella.
Tu última entrada es mi única salida.
No quiso ser árbol de mi sombra.
Una persistencia de pétalos en un fruto sin bordes.
De este lado del olvido no hay nada, solo olvido... pero no el mío.
El xoloitzcuintle que te lame los dedos de la pierna amputada.
Caer en Dios y continuar cayendo en la nada.
En un mismo olvido quizás nos estemos esperando.
Un algo de un alguien que ya no eres tú.
Da mucho miedo no encontrar fantasmas en el cementerio.
¿Qué ajenjo es este que balbuce mi palabra y se pretende salvar de mi amargura?
La inmensidad está tan sola cuando me abandono a su compañía.
Tengo sueño y me busco para dormirme.
Perdón si me gana la distancia de adentro.
Naufragios encerrados en una botella.
En la orilla de tu vientre donde acaban los desiertos y empieza el camino.
Por una negligencia del desconsuelo, tu forma de estar ausente me permite acariciarte.
Moriré de la misma casualidad que mata a los viernes.
Las estatuas de noviembre se van tras de ti.
La palabra tiene una puerta para cada árbol no dicho.
Quise ser un sueño pero siempre me encontré despierto.
Mi cuerpo no quiso estar conmigo en la misma cama.
Déjame pasar la noche en tus ojos.
Tu sexo demente de texturas.
¿Y si ahora que te has ido para siempre se te ocurre no regresar?
Multiplicando ceros.
Mi boca vino a elegirme el primer día que amé el silencio.
Ya sabes que confundo solsticios con sostenes.
No te sé como frontera de tu piel ni de tu ausencia.
Todo esto se debe a que estoy muerto o enamorado.
Rotura sellada con cuerpo.
¡No acepto que no seas mi muerte!
Sus sangres paralelas compartieron las balas que les emparentó la muerte.
Sostenme el cielo, vida mía. No cierres los ojos.
Tu nombre es una puerta que no traspasas.
Amor tajado.
Vocales abiertas a lascivas mariposas.
La sigo mirando y se ha ido.
Creo que llegaré tarde al lugar donde no me estoy esperando.
Novia de sombra, tan llena de palomas y tan vacía de mujer.
Sabes bien dónde mi lengua te germina.
Nosotros dos, los mismos: pero ni tú ni yo.
No llames a mi alma sin invocar a los muertos.
Voy a ti con la certeza de no encontrarte.
Me llamaré como la piedra cuando la piedra me nombre.
La rosa no empieza en su color ni acaba en su borde.
La puerta soy yo, pero tú tienes la llave.
Iluminar el aire con un sonido de ojos grandes.
Tus manos hablan todo el tiempo
La perla prisionera de tu tacto.
No fuimos más que dos inexistencias enamoradas.
Nada tengo que decirme y no sé cómo decírmelo.
Urges en mi cuerpo de arena lleno de charcos.
Este poema sin ventanas es tu crimen, tu venganza.
El aire permanece aunque sea irrespirable.
Meter la mano en la fotografía.
Te pulso el ombligo con mi lengua y te abres como un paraguas.
No me dejes solo, soledad, porque sin ti desaparezco.
Tan íntimamente muertos, tan muertamente juntos.
Siempre lleva el mismo sol puesto.
El recuerdo de lo no vivido ya se te olvidó.
Así se erige el monumento a un remolino con el mármol mismo de su giro.
Siento pena por mi flor insoportable; córtenla, por favor.
Lo que no estaba ahí me sonreía.
Te mostraba mi cara de amor que era más una cara de hambre.
No mueve más la cama, está desposeída.
Por mirar con tus ojos me he quedado ciego.
Cuánto de mirada no devuelta habrá caído contigo.
Eres un atavismo de alga con memoria de estrella.
Se me acabó la soledad y estoy solo.
Ahí, donde señalas la noche se hace una luciérnaga.
¡Que el cielo se ocupe de su propio espejismo!
Caemos en un cuerpo como en una corriente líquida.
No conozco más sirenas que las de las ambulancias.
Dice que es desempleada porque no sabe que trabaja de musa.
Tu piel es soluble a mis deshielos.
Eres otra cuando más eres tú.
Se te ama como en tu entierro.
Incólume pulso de cuchillo.
El sadomasoquismo de cogernos sin mirarnos.
Los contratos de la madrugada no tienen el lujo de la memoria.
Se me cayó la boca y se me calló la boca.
Solo el árbol me sabe socavar desde mis cimientos.
Uno más que es uno menos.
Solo el llanto quedo estropeado, pero no por uso.
¿Se dirá que morí de salud?
El pensamiento que te ocupa mañana estará vacío.
Las flores que Natalí trazaba en el aire con sus cabellos.
Mi hija ciega busca mi voz para salir de la sombra.
Es silencio porque fue palabra.
La calle no acaba en tu casa: empezó con tus labios y terminará en mi cama.
Pudiste ser mujer pero elegiste lo que puedo trazar con mi boca.
Soy un hoyo: es imposible no caer en mí mismo.
¿Dónde está la leve muchacha de los ojos fijos de mirada larga?
La piedra lanzada se hizo cielo resquebrajado.
El mundo te conoce de siempre y yo apenas vengo de desconocerte.
Agua derramada que mimetizas con tu cántaro.
Quemadme apenas calle.
La esfinge que resguarda su quietud contra la erosión del tiempo.
La sal de cocina que le agrego al llanto para igualarlo al mar.
El sol no es la naranja más alta del árbol.
Moriré falso gorrión donde nunca fui cenzontle.
Que bien estoy cuando no estoy para distraerme.
La quieta arquitectura de tu fuga.
Olvidé tu nombre, Lidia, en la boca que te llevaste: la mía.
Tú ya estabas delante del principio.
No recuerdo porque te quise, ni siquiera porque aún te quiero.
Se te cayó el sombrero y ya no estaban tus manos cuando te inclinaste a recogerlo.
En el Manual de Carreño no explican si el sol se toma a cucharadas o con pajilla.
Busco habitar el espejo con la danza de mis imposibles.
¡Qué ganas de delinquir contigo un cuento de mil noches a esta hora!
Página blanca, ¿cuándo plegarás tus olas?
Quizás por no ser nos encontraríamos.
Hundir el cálamo en el tintero de tu pupila.
Te desgotas, te odorizas, te aluzas.
Tantas vidas tienes que en alguna somos posibles.
Después del nunca no me importó el cuándo.
El todo me gusta por sus partes, y tú también.
¿Dónde habrá quedado mi cicatriz favorita?
La calle del manicomio me canta una canción de cuna.
Un silencio solo de dos silencios que no riman.
Histrionismo condicionado por candilejas desenfocadas.
De las cosas que te cuento solo debes creer las flagrantes mentiras
Aquí, en mis manos, estuve náufrago un siglo.
Lloré por no tener una pata de palo cuando fui pirata.
El furor caníbal condenado a lamer moho.
Tus ojos son extranjeros en tu mirada.
Demasiada herrumbre trasmina mi máscara como para poder engañarme.
Eres toda corazón del centro a la orilla.
Nube con forma de nube.
Nadie cuido las flores del jardín que nunca sembramos.
No lloras por mí ni con mis ojos.
Imagino la flauta que podría yo hacer con mi húmero.
Tu cuerpo, retén de espigas y nebulosas.
Un grito encerrado en un cuarto que no hace eco porque se ha devorado a sí mismo.
El cielo no sabe que es jueves. El jueves no sabe qué es cielo.
Perdona el mal uso que hice de tu nombre.
Riego las lámparas.
Le saqué el dobladillo a tu blusa y no te crecieron alas.
El abismo tiene más cielo que la montaña.
Mi muerte, madre amorosa y filicida.
Beber agua del espejo te emborracha.
Un vaso medio vacío que no tiende fondo.
Reías pájaros.
Morir de tus ojos es ver al fin.
Me escribe una mujer que leo como un río que veo con las manos.
Amaneció la semana con siete días de retraso.
Toda la noche su cabello alumbra para que no me pierda en su laberinto.
No te dejaré partir sin que antes me sueñes.
Todo pasa entre nosotros, menos nosotros.
Mi voz es una sustancia que no retiene sus mutaciones.
Agua amurallada que no corrige su oleaje.
Cosas por acomodar en los estantes vacíos donde no cabe nada más.
El olfato como una forma de recordar.
Aún temes al insecto atrapado en el ámbar de mis ojos antiguos.
Hasta que el hambre reparta el pan.
Reconoces que algo muy tuyo no llegó contigo hasta este segundo.
Octubre hará crecer los limones del nogal que pintaste en la pared.
Esto es la existencia. Al menos comprendo porque los dioses la evitaron.
Quisiera estar solo, pero estoy conmigo que estoy sin ti.
Juventud con un puñado de tierra en la garganta.
Atravesé la distancia que me propusieron tus ojos.
La voz no se quema fácilmente.
Algo suyo que ella desconoce me pertenece.
Soy todos los muertos y ninguno.
El fósil de un suspiro revela la edad de tu tristeza.
El que te viste de estatua y te confunde con nadie.
Cuando nos encontremos no extrañaré mi oficio de guiador de estatuas.
Tengo miedo de morir y deseo de estar muerto.
Tus ojos de sal se condenaron a leer una hoja en blanco.
¿Qué he de hacer con mi lengua sino renunciarla para habar en plural?
No sé si me has inventado para inventarte.
Uno de los dos no existe y no eres tú quien clama por existir.
Privatizaron el horizonte.
Yo soy mis ojos.
Nos queda una palabra para taparnos el frío.
Yo soy mi casa sitiada por su derrumbe.
Amamos porque desaparecemos.
Te nombro con las piedras porque duran más que las flores.
Te pido que me escribas, te pido que me leas, te pido que me borres.
Para saber que has llegado tendrás que detenerte.
Dueño de una libertad que para ser libre le sobra el dueño.
Lloras para arriba, entre bambú y campanario.
Tu alma es vecina de todos los fuegos.
Huele a espejo de noche tu manera de abrir la boca.
Solo en español entiendo la agonía de ciertos ríos.
Si en verdad fueras los que no es tu ausencia.
El aire tiene un tatuaje de cuerpo que se hace de noche.
Las plumas no hacen ángeles sino plumeros.
Ven conmigo a la ciudad de los ciegos que pueden verlo todo sin sentir miedo.
Tampoco tu ausencia te cubre del todo.
Cada parpadeo es una cucharada de penumbra.
Sobre mis rodillas construí una casa para que la habitaras hacia lo alto.
No sé si para estar juntos, pero no para estar separados.
Su elemento es el principio acústico de un significado.
Te doy mi sombra porque es lo único que no se pudre.
Perdón si mi prepucio ha trepado hasta mis párpados.
Te arriesgas a no estar oculta y solo la oscuridad te entiende.
Todo era como respirar tu claridad insoportable.
Tus cabellos de aire amarillo pronto se llenaran de luceros.
De tu corazón sé su distancia y todo lo que no es.
Son hombres que ya se parecen a su vestigio.
Una de las pocas cosas que sabemos es que las piedras no saben regurgitar.
Estoy solo y somos muchos.
Abono una colilla a la renta de mi próxima casa.
Sabes negociar con mis ojos cerrados para mirar lo que no tienes.
Tu boca ha perdido el aroma del alcohol que la incendió.
El más perro de mis pulmones no sabe ladrar.
Mi lengua de trapo no se acostumbra al sabor del vidrio.
Somos dos monólogos con apariencia de diálogo.
El resto de los meses ocurre durante las pocas horas que duermes.
Les cuento del interior del barco que no conoce el mar, pero que se ha mareado.
No estoy, pero sabrás que te sigo esperando.
Eres la reparadora del tiempo porque sabes que la eternidad no existe.
Que tus ojos corrijan las historia de los que jamás se vieron.
A veces extraño extrañarte. A veces quiero quererte.
Todas las ventanas están en el jardín.
¿Por qué me dejaste solo con esos malditos poetas?
Se inclinaba como si no fuera boca, como si no tuviera ojos y pechos.
De ti brotaba un óvalo de sangre de ciudad y de bosque.
Nunca hablo de las pocas cosas de ti que no me gustan: las que son reales.
El último muerto que seré se adelanta al muerto que soy.
Quizás intuye que no todo será visitar las tumbas.
Me faltas para taparme el alma y descobijarme el cuerpo.
Amo tu nombre porque significa lo que amo: tú.
Pide al tiempo que vuelva, como tú volviste.
Sacudo mis ojos y caen las imágenes.
Tu corazón estaba donde caía mi mano.
A la indiferencia del universo le respondí con indiferencia.
Las postales que miré en tus ojos venían de muy atrás.
Mi sexo encallado en los vaivenes de su cuerpo.
La inmortalidad toca los pétalos que se cierran.
No puedo abarcar mi sonrisa: choco contra sus paredes.
Todo lo usurpo para ser el otro.
La comodidad de saber que tu infierno tiene el equilibrio de la costumbre.
A veces compartíamos la neutralidad de una mejilla.
No puedo mojar el agua, quemar el fuego.
Tengo tus manos como testimonio de que un día tuve cuerpo.
Expulsé el humo de tantos pájaros quemados.
Incendias todas las horas, leña de mi pensamiento.
Encontrarte. Perderte. Eso es todo, a todas horas, en cada instante.
Tu amor es mi armadura de musgo.
Te amo por mujer y por estrella.
Me resto de mí mismo para estar en ti, adentro.
Tus manos me describen mucho mejor que el espejo.
Tu reflejo pasa por el agua y solo tus pies no se mojan.
Te busco para que me encuentres.
Eclipse de temprano y tarde.
La greda de tus pechos mínimos y los rosarios que allí rezo.
Era impostergable pasar por la corriente de tus pestañas rotas.
Estamos solos y nuestras soledades no se reconocen.
El desordenado paseo de tus pezones por las galerías de mi sangre.
Que todos los violines se incendien hacia dentro.
Estoy en el latido de ser o no ser de tu toalla sanitaria.
Fue tan alto lo que intentamos que tengo que llamarte cielo.
Soy tuyo como tuyo puede ser un relámpago que no se pertenece a sí mismo.
Ahora solo miro al puente desde abajo.
Riego mi mano como regaba tu vientre.
Guardaste los pétalos de mi soledad antigua.
No sé dónde dejaste mis ojos ahora que quiero cerrarlos.
Una ciudad abrumada de verticalidad.
No debí rascar las costras que me quedaron de los piquetes de mosco de aquel verano.
Ahora que perdimos el taxi y el después, persiste el ahora.
Así son los viajes de los que fuimos muchos.
Solo pensé en hacerte reír para que tu risa me hiciera el amor.
Tan cerca de la locura que es la lucidez de estar sin ti.
Las nubes de la almohada te bordarán cielos de sal en la garganta.
A veces los martes amanecen tan temprano que aún son lunes por la tarde.
Un sol cercano al acto de latir.
Busco los agujeros de mi frente en los cajones de mi almohada.
Solo tuvimos tiempo para perder y nos perdimos.
Semanas de caminar tirando gasolina.
Tirados en la herida sobre la cicatriz de nuestro cuerpo.
Cuando llegues al olvido ya te habré olvidado.
Hoy no amaneció tarde ni el día tardó en irse.
Atónito pájaro que al llamarte te anochecía.
Olvidé la letra de esa canción, pero aún la silbo a lo lejos.
Desde mi charco de orines sin peces le digo a la luna que me limpie los mocos.
Me brotan hojas nuevas en las cicatrices que dejaron las hojas muertas.
Si la naturaleza te dio este amor que nadie tale ninguno de sus árboles.
Una calle larga de zaguanes sin nosotros.
Mi olvido pide que te recuerde.
Buscar y perder sin encontrar el hoy.
El amor muerto atrae a nubes carroñeras.
Los dos dentro del agua, y yo dentro de ti.
Sin la prisa de los soles y los solos.
El aire que arrancaste tampoco te dejará respirar.
Te hice una tiara con las plumas de mi Pegaso de cartón.
El mar se arremolina en el piso, las estrellas huyen a los rincones.
Acomodo los pasos y cualquier viento los desordena...
28 de octubre de 2009 - 8 de junio de 2020
Muero del dolor fantasma de tu cuerpo de mí arrancado.
Sucede que te quiero porque estás lejos.
Me acabo la vida en el morir de tu cuerpo.
Era tu mirada alargada por el viento.
Quién como el sol que nunca vuelve a la misma tarde.
Nadie le dijo que se murió.
Si la Rosa callase su nombre tal vez olería a mierda.
Toda la noche ensayé el abandono.
Éramos nosotros tan solo la premura de un avance casi a ciegas por vaivenes.
Estoy cansado, Bécquer, de ir por la vida masturbando golondrinas.
Quizás otro llamado te secuestró.
¿Qué tan lejos queda lo lejos?
La tos no sirve como despertador cuando ninguno de los dos duerme.
Estoy listo para vivir y morir en el intento.
De ciertas noches desiertas.
Mirarte tiene su secreto riesgo: no encontrarme en tus ojos.
Yo soy la voz de mi río.
Diva caída del núbil pedestal de la primavera.
He despertado. Abro los ojos. Estallo.
Asexuadas sirenas suicidas desnudas nadan en mi bañera.
¿Cómo le explico a mis manos lo que es el olvido?
La próxima estación da al Centro, al invierno, a la cantina, al olvido.
No soy yo lo que tú buscabas, ni eres tú a quien yo esperé.
Yo tengo mucha prisa y tú todo el tiempo.
Memoria: interesante colección de intenciones de intentos fallidos.
Un noviembre inconcluso que durará para siempre.
Siempre puede ser mucho o poco. Aspiremos a que nunca sea suficiente.
La memoria del alba no sabe que te has ido.
Un camión atropella el recuerdo y mi cuerpo despierta fracturado.
La mirada de Adriana valía por todas las ventanas por las cuales no miré.
Quiero escuchar los sueños que te disfrazan de caracola.
Tus caricias plenas de manos diferentes y mis palabras que mojaban tus oídos.
El olvido está en un idioma que no comprendo.
Mis solos diez dedos y su disimulada ceguera.
Me gusta amarte desde la raíz de tus ojos hasta el confín de tus orillas.
Decir tu nombre siempre fue incendiarlo.
He gastado media muerte en encontrarte.
De no ser porque aún huelo mi cadáver pensaría que estoy muerto.
La sed se sabe espejismo del desierto.
Una manzana se pudre de pera.
Dime en los labios que no tenga miedo.
¿Cuántos nombres de eclipses sabrán tu boca? Y somos boca.
Al sueño le dolía tu cuerpo.
Parece que el tiempo se detuvo en la esquina a esperar que pasemos.
Tan anchos de carne para el alma.
Probaré la libertad de morir en hojas.
El bies de la cortina siempre te deja con peces en los cabellos.
Siempre llego al olvido con más de lo indispensable.
Una lenta furia agazapada.
Es un sitio exacto que no encuentro en el mapa.
Eco de tu ojo.
Boca póstuma al adiós que aún dice luego.
Que los ángeles de Abuela no te cuenten que moriste.
A mitad del viento rutilas tu evidencia de estrella.
Encontré mis manos predestinadas a la ternura pero amputadas de sus caricias.
Eres una tersa invocación que anda al sur de una nostalgia.
Camas y muertes separadas.
Cuando estás tan cerca de nunca haber estado.
Estoy vivo para presenciar mi entierro.
Cerré mi corazón y solo yo me quede afuera.
Algo que no te perfuma llega a ser flor en mis entrañas.
Nunca he sabido decir vida sin querer ser bicicleta.
Tiene un pudor de labio que se desvistió de un beso.
Para que ninguna más muera de hambre, muerde, Eva, la manzana.
Hay que ahuyentar con las manos todo azar de dispersión.
Cuando nos quedamos solos, tú y yo con tu ausencia.
El café entibia su destino de orina apenas el insomnio se encierra en la boca.
Oscuridad que no se pudre con los ojos.
Nunca serás mi ayer.
Monumento a nadie para no acordarse.
Te tengo a ti en alguna parte que no tengo.
La caricia de tu ausencia te va desdibujando.
Anunciaban dentífricos para espejos con mal aliento.
Un nenúfar de cristal en estanque de agua clara.
Me fui muy lejos para que el llanto no me alcanzara.
Todos los ríos ahogados son suicidas.
Tócame tú con tu juventud las cuerdas.
Mirando una magnolia traspasada por su color.
Mi vida no siente más miedo se ser una fábula de tus pupilas.
Se extingue la piedra y escucho su llanto ascender por el váter.
Soñada extensión de mano; mano imposible de cuerpo.
Chavela, qué bellos te quedan mis ojos en tu llanto.
Para no esperarte me levanté de mis ojos y me fui a no verte a otra parte.
Algo así como liberar a Excálibur para entregarla a los carniceros.
Di que fui tu soledad de trigo cuando la hoz de la mañana segó el primer pan.
Estos pájaros son muñones al aire que quieren atrapar un color o un canto.
El frenesí de la piedra es mi espejo.
Mi sofá es delicia de faquir.
Todavía estoy soñando que no llega el día.
Está mi beso pidiendo alas a los aviones o las moscas.
Digo una tempestad donde tu piel hunde mis barcos.
Que muerda su cola la serpiente de mi lengua.
Yo la digo con todas las cosas porque todas las cosas la dicen de alguna manera.
Nos dejan en los ojos del hambre, pero sin la mirada.
El árbol no encuentra su sombra porque ya se hundió en ella.
Tu última entrada es mi única salida.
No quiso ser árbol de mi sombra.
Una persistencia de pétalos en un fruto sin bordes.
De este lado del olvido no hay nada, solo olvido... pero no el mío.
El xoloitzcuintle que te lame los dedos de la pierna amputada.
Caer en Dios y continuar cayendo en la nada.
En un mismo olvido quizás nos estemos esperando.
Un algo de un alguien que ya no eres tú.
Da mucho miedo no encontrar fantasmas en el cementerio.
¿Qué ajenjo es este que balbuce mi palabra y se pretende salvar de mi amargura?
La inmensidad está tan sola cuando me abandono a su compañía.
Tengo sueño y me busco para dormirme.
Perdón si me gana la distancia de adentro.
Naufragios encerrados en una botella.
En la orilla de tu vientre donde acaban los desiertos y empieza el camino.
Por una negligencia del desconsuelo, tu forma de estar ausente me permite acariciarte.
Moriré de la misma casualidad que mata a los viernes.
Las estatuas de noviembre se van tras de ti.
La palabra tiene una puerta para cada árbol no dicho.
Quise ser un sueño pero siempre me encontré despierto.
Mi cuerpo no quiso estar conmigo en la misma cama.
Déjame pasar la noche en tus ojos.
Tu sexo demente de texturas.
¿Y si ahora que te has ido para siempre se te ocurre no regresar?
Multiplicando ceros.
Mi boca vino a elegirme el primer día que amé el silencio.
Ya sabes que confundo solsticios con sostenes.
No te sé como frontera de tu piel ni de tu ausencia.
Todo esto se debe a que estoy muerto o enamorado.
Rotura sellada con cuerpo.
¡No acepto que no seas mi muerte!
Sus sangres paralelas compartieron las balas que les emparentó la muerte.
Sostenme el cielo, vida mía. No cierres los ojos.
Tu nombre es una puerta que no traspasas.
Amor tajado.
Vocales abiertas a lascivas mariposas.
La sigo mirando y se ha ido.
Creo que llegaré tarde al lugar donde no me estoy esperando.
Novia de sombra, tan llena de palomas y tan vacía de mujer.
Sabes bien dónde mi lengua te germina.
Nosotros dos, los mismos: pero ni tú ni yo.
No llames a mi alma sin invocar a los muertos.
Voy a ti con la certeza de no encontrarte.
Me llamaré como la piedra cuando la piedra me nombre.
La rosa no empieza en su color ni acaba en su borde.
La puerta soy yo, pero tú tienes la llave.
Iluminar el aire con un sonido de ojos grandes.
Tus manos hablan todo el tiempo
La perla prisionera de tu tacto.
No fuimos más que dos inexistencias enamoradas.
Nada tengo que decirme y no sé cómo decírmelo.
Urges en mi cuerpo de arena lleno de charcos.
Este poema sin ventanas es tu crimen, tu venganza.
El aire permanece aunque sea irrespirable.
Meter la mano en la fotografía.
Te pulso el ombligo con mi lengua y te abres como un paraguas.
No me dejes solo, soledad, porque sin ti desaparezco.
Tan íntimamente muertos, tan muertamente juntos.
Siempre lleva el mismo sol puesto.
El recuerdo de lo no vivido ya se te olvidó.
Así se erige el monumento a un remolino con el mármol mismo de su giro.
Siento pena por mi flor insoportable; córtenla, por favor.
Lo que no estaba ahí me sonreía.
Te mostraba mi cara de amor que era más una cara de hambre.
No mueve más la cama, está desposeída.
Por mirar con tus ojos me he quedado ciego.
Cuánto de mirada no devuelta habrá caído contigo.
Eres un atavismo de alga con memoria de estrella.
Se me acabó la soledad y estoy solo.
Ahí, donde señalas la noche se hace una luciérnaga.
¡Que el cielo se ocupe de su propio espejismo!
Caemos en un cuerpo como en una corriente líquida.
No conozco más sirenas que las de las ambulancias.
Dice que es desempleada porque no sabe que trabaja de musa.
Tu piel es soluble a mis deshielos.
Eres otra cuando más eres tú.
Se te ama como en tu entierro.
Incólume pulso de cuchillo.
El sadomasoquismo de cogernos sin mirarnos.
Los contratos de la madrugada no tienen el lujo de la memoria.
Se me cayó la boca y se me calló la boca.
Solo el árbol me sabe socavar desde mis cimientos.
Uno más que es uno menos.
Solo el llanto quedo estropeado, pero no por uso.
¿Se dirá que morí de salud?
El pensamiento que te ocupa mañana estará vacío.
Las flores que Natalí trazaba en el aire con sus cabellos.
Mi hija ciega busca mi voz para salir de la sombra.
Es silencio porque fue palabra.
La calle no acaba en tu casa: empezó con tus labios y terminará en mi cama.
Pudiste ser mujer pero elegiste lo que puedo trazar con mi boca.
Soy un hoyo: es imposible no caer en mí mismo.
¿Dónde está la leve muchacha de los ojos fijos de mirada larga?
La piedra lanzada se hizo cielo resquebrajado.
El mundo te conoce de siempre y yo apenas vengo de desconocerte.
Agua derramada que mimetizas con tu cántaro.
Quemadme apenas calle.
La esfinge que resguarda su quietud contra la erosión del tiempo.
La sal de cocina que le agrego al llanto para igualarlo al mar.
El sol no es la naranja más alta del árbol.
Moriré falso gorrión donde nunca fui cenzontle.
Que bien estoy cuando no estoy para distraerme.
La quieta arquitectura de tu fuga.
Olvidé tu nombre, Lidia, en la boca que te llevaste: la mía.
Tú ya estabas delante del principio.
No recuerdo porque te quise, ni siquiera porque aún te quiero.
Se te cayó el sombrero y ya no estaban tus manos cuando te inclinaste a recogerlo.
En el Manual de Carreño no explican si el sol se toma a cucharadas o con pajilla.
Busco habitar el espejo con la danza de mis imposibles.
¡Qué ganas de delinquir contigo un cuento de mil noches a esta hora!
Página blanca, ¿cuándo plegarás tus olas?
Quizás por no ser nos encontraríamos.
Hundir el cálamo en el tintero de tu pupila.
Te desgotas, te odorizas, te aluzas.
Tantas vidas tienes que en alguna somos posibles.
Después del nunca no me importó el cuándo.
El todo me gusta por sus partes, y tú también.
¿Dónde habrá quedado mi cicatriz favorita?
La calle del manicomio me canta una canción de cuna.
Un silencio solo de dos silencios que no riman.
Histrionismo condicionado por candilejas desenfocadas.
De las cosas que te cuento solo debes creer las flagrantes mentiras
Aquí, en mis manos, estuve náufrago un siglo.
Lloré por no tener una pata de palo cuando fui pirata.
El furor caníbal condenado a lamer moho.
Tus ojos son extranjeros en tu mirada.
Demasiada herrumbre trasmina mi máscara como para poder engañarme.
Eres toda corazón del centro a la orilla.
Nube con forma de nube.
Nadie cuido las flores del jardín que nunca sembramos.
No lloras por mí ni con mis ojos.
Imagino la flauta que podría yo hacer con mi húmero.
Tu cuerpo, retén de espigas y nebulosas.
Un grito encerrado en un cuarto que no hace eco porque se ha devorado a sí mismo.
El cielo no sabe que es jueves. El jueves no sabe qué es cielo.
Perdona el mal uso que hice de tu nombre.
Riego las lámparas.
Le saqué el dobladillo a tu blusa y no te crecieron alas.
El abismo tiene más cielo que la montaña.
Mi muerte, madre amorosa y filicida.
Beber agua del espejo te emborracha.
Un vaso medio vacío que no tiende fondo.
Reías pájaros.
Morir de tus ojos es ver al fin.
Me escribe una mujer que leo como un río que veo con las manos.
Amaneció la semana con siete días de retraso.
Toda la noche su cabello alumbra para que no me pierda en su laberinto.
No te dejaré partir sin que antes me sueñes.
Todo pasa entre nosotros, menos nosotros.
Mi voz es una sustancia que no retiene sus mutaciones.
Agua amurallada que no corrige su oleaje.
Cosas por acomodar en los estantes vacíos donde no cabe nada más.
El olfato como una forma de recordar.
Aún temes al insecto atrapado en el ámbar de mis ojos antiguos.
Hasta que el hambre reparta el pan.
Reconoces que algo muy tuyo no llegó contigo hasta este segundo.
Octubre hará crecer los limones del nogal que pintaste en la pared.
Esto es la existencia. Al menos comprendo porque los dioses la evitaron.
Quisiera estar solo, pero estoy conmigo que estoy sin ti.
Juventud con un puñado de tierra en la garganta.
Atravesé la distancia que me propusieron tus ojos.
La voz no se quema fácilmente.
Algo suyo que ella desconoce me pertenece.
Soy todos los muertos y ninguno.
El fósil de un suspiro revela la edad de tu tristeza.
El que te viste de estatua y te confunde con nadie.
Cuando nos encontremos no extrañaré mi oficio de guiador de estatuas.
Tengo miedo de morir y deseo de estar muerto.
Tus ojos de sal se condenaron a leer una hoja en blanco.
¿Qué he de hacer con mi lengua sino renunciarla para habar en plural?
No sé si me has inventado para inventarte.
Uno de los dos no existe y no eres tú quien clama por existir.
Privatizaron el horizonte.
Yo soy mis ojos.
Nos queda una palabra para taparnos el frío.
Yo soy mi casa sitiada por su derrumbe.
Amamos porque desaparecemos.
Te nombro con las piedras porque duran más que las flores.
Te pido que me escribas, te pido que me leas, te pido que me borres.
Para saber que has llegado tendrás que detenerte.
Dueño de una libertad que para ser libre le sobra el dueño.
Lloras para arriba, entre bambú y campanario.
Tu alma es vecina de todos los fuegos.
Huele a espejo de noche tu manera de abrir la boca.
Solo en español entiendo la agonía de ciertos ríos.
Si en verdad fueras los que no es tu ausencia.
El aire tiene un tatuaje de cuerpo que se hace de noche.
Las plumas no hacen ángeles sino plumeros.
Ven conmigo a la ciudad de los ciegos que pueden verlo todo sin sentir miedo.
Tampoco tu ausencia te cubre del todo.
Cada parpadeo es una cucharada de penumbra.
Sobre mis rodillas construí una casa para que la habitaras hacia lo alto.
No sé si para estar juntos, pero no para estar separados.
Su elemento es el principio acústico de un significado.
Te doy mi sombra porque es lo único que no se pudre.
Perdón si mi prepucio ha trepado hasta mis párpados.
Te arriesgas a no estar oculta y solo la oscuridad te entiende.
Todo era como respirar tu claridad insoportable.
Tus cabellos de aire amarillo pronto se llenaran de luceros.
De tu corazón sé su distancia y todo lo que no es.
Son hombres que ya se parecen a su vestigio.
Una de las pocas cosas que sabemos es que las piedras no saben regurgitar.
Estoy solo y somos muchos.
Abono una colilla a la renta de mi próxima casa.
Sabes negociar con mis ojos cerrados para mirar lo que no tienes.
Tu boca ha perdido el aroma del alcohol que la incendió.
El más perro de mis pulmones no sabe ladrar.
Mi lengua de trapo no se acostumbra al sabor del vidrio.
Somos dos monólogos con apariencia de diálogo.
El resto de los meses ocurre durante las pocas horas que duermes.
Les cuento del interior del barco que no conoce el mar, pero que se ha mareado.
No estoy, pero sabrás que te sigo esperando.
Eres la reparadora del tiempo porque sabes que la eternidad no existe.
Que tus ojos corrijan las historia de los que jamás se vieron.
A veces extraño extrañarte. A veces quiero quererte.
Todas las ventanas están en el jardín.
¿Por qué me dejaste solo con esos malditos poetas?
Se inclinaba como si no fuera boca, como si no tuviera ojos y pechos.
De ti brotaba un óvalo de sangre de ciudad y de bosque.
Nunca hablo de las pocas cosas de ti que no me gustan: las que son reales.
El último muerto que seré se adelanta al muerto que soy.
Quizás intuye que no todo será visitar las tumbas.
Me faltas para taparme el alma y descobijarme el cuerpo.
Amo tu nombre porque significa lo que amo: tú.
Pide al tiempo que vuelva, como tú volviste.
Sacudo mis ojos y caen las imágenes.
Tu corazón estaba donde caía mi mano.
A la indiferencia del universo le respondí con indiferencia.
Las postales que miré en tus ojos venían de muy atrás.
Mi sexo encallado en los vaivenes de su cuerpo.
La inmortalidad toca los pétalos que se cierran.
No puedo abarcar mi sonrisa: choco contra sus paredes.
Todo lo usurpo para ser el otro.
La comodidad de saber que tu infierno tiene el equilibrio de la costumbre.
A veces compartíamos la neutralidad de una mejilla.
No puedo mojar el agua, quemar el fuego.
Tengo tus manos como testimonio de que un día tuve cuerpo.
Expulsé el humo de tantos pájaros quemados.
Incendias todas las horas, leña de mi pensamiento.
Encontrarte. Perderte. Eso es todo, a todas horas, en cada instante.
Tu amor es mi armadura de musgo.
Te amo por mujer y por estrella.
Me resto de mí mismo para estar en ti, adentro.
Tus manos me describen mucho mejor que el espejo.
Tu reflejo pasa por el agua y solo tus pies no se mojan.
Te busco para que me encuentres.
Eclipse de temprano y tarde.
La greda de tus pechos mínimos y los rosarios que allí rezo.
Era impostergable pasar por la corriente de tus pestañas rotas.
Estamos solos y nuestras soledades no se reconocen.
El desordenado paseo de tus pezones por las galerías de mi sangre.
Que todos los violines se incendien hacia dentro.
Estoy en el latido de ser o no ser de tu toalla sanitaria.
Fue tan alto lo que intentamos que tengo que llamarte cielo.
Soy tuyo como tuyo puede ser un relámpago que no se pertenece a sí mismo.
Ahora solo miro al puente desde abajo.
Riego mi mano como regaba tu vientre.
Guardaste los pétalos de mi soledad antigua.
No sé dónde dejaste mis ojos ahora que quiero cerrarlos.
Una ciudad abrumada de verticalidad.
No debí rascar las costras que me quedaron de los piquetes de mosco de aquel verano.
Ahora que perdimos el taxi y el después, persiste el ahora.
Así son los viajes de los que fuimos muchos.
Solo pensé en hacerte reír para que tu risa me hiciera el amor.
Tan cerca de la locura que es la lucidez de estar sin ti.
Las nubes de la almohada te bordarán cielos de sal en la garganta.
A veces los martes amanecen tan temprano que aún son lunes por la tarde.
Un sol cercano al acto de latir.
Busco los agujeros de mi frente en los cajones de mi almohada.
Solo tuvimos tiempo para perder y nos perdimos.
Semanas de caminar tirando gasolina.
Tirados en la herida sobre la cicatriz de nuestro cuerpo.
Cuando llegues al olvido ya te habré olvidado.
Hoy no amaneció tarde ni el día tardó en irse.
Atónito pájaro que al llamarte te anochecía.
Olvidé la letra de esa canción, pero aún la silbo a lo lejos.
Desde mi charco de orines sin peces le digo a la luna que me limpie los mocos.
Me brotan hojas nuevas en las cicatrices que dejaron las hojas muertas.
Si la naturaleza te dio este amor que nadie tale ninguno de sus árboles.
Una calle larga de zaguanes sin nosotros.
Mi olvido pide que te recuerde.
Buscar y perder sin encontrar el hoy.
El amor muerto atrae a nubes carroñeras.
Los dos dentro del agua, y yo dentro de ti.
Sin la prisa de los soles y los solos.
El aire que arrancaste tampoco te dejará respirar.
Te hice una tiara con las plumas de mi Pegaso de cartón.
El mar se arremolina en el piso, las estrellas huyen a los rincones.
Acomodo los pasos y cualquier viento los desordena...
28 de octubre de 2009 - 8 de junio de 2020
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