Teo Moran
Poeta fiel al portal
Oigo entre las penumbras del monte
a las cigarras repicar con su canto,
siento el crepitar del frío cauce
y a las hojas desfallecer en el manto.
En el horizonte la baranda velada
cae de unas deshilvanadas nubes
que alegres juegan con el sol,
y en un mar amarillo el girasol
las mira hasta que difuminadas,
silenciosas llegan a desaparecer.
Observo al vencejo revolotear
bajo los aleros de los tejados,
a los buitres sujetarse lentos
en la palma invisible del viento,
a la mariposa coloreada surcar
etérea sobre el campo de trigo,
a la abeja libar el néctar de la rosa,
al grillo suspirar bajo el tomillo,
al risco erosionado por el tiempo
que un día no muy lejano vencido
caerá violento al pie de los pinos
mientras la cigarras repican su canción…
-¡Seré el chopo a la orilla del río,
el junco atado a las frías aguas
en una tarde cálida de verano!
-¡Seré tu sombra hoy que no deja huella,
solo la fábula de un hombre vencido
que será polvo en el sinuoso camino!
-¡Una gota de cristal en el curso del río
que se hará nube blanca en el cielo
que lentamente desaparecerá
en una tarde cálida de verano!
-¡Seré regocijo y triste desventura,
canto de sirena en un mar de trigo,
otro día de promesas sin cumplir,
sin esperanzas a la sombra del nogal!
Hoy llora el cauce del río por mí,
llora por aquellos instantes dulces
cuando fui una gota cristalina
en el remolino que muere en el mar,
llora porque seré una sombra sin huella,
la triste fábula de un amor vencido
en una tarde cálida de verano.