Antomar Alas
Poeta recién llegado
Grietas hay por doquier,
pero ninguna como una
que se abre en el llano,
como esa que sosiego parece.
Bella y grata expresión
que asemeja poesía pintada
en los conos entusiasmados
de aquel que la mira.
Y es que parece monotonía
porque verdor es su alrededor.
Elegantes los guarumos con tonos más opacos
“enseñoreadores” de la caída sin angustia.
Escribe y escribe, la vida su pasado,
por medio de signos de limbos y pecíolos;
y con el chorro de agua,
que hace más honda la grieta,
simplemente habla.
Pero cuando el río se enoja,
rompe contra el arcén de palos;
y empieza una música
que sólo la bailan los hidrofílicos y los ahogados.
La grieta tiene un pasado,
uno lleno de frondoso color;
verde era su amor; pero,
un día, la mayor parte alguien se llevó
Ya no hay más que tragar
cuando todo se lo engulló la “dueña”.
Los voceros de esta discontinuidad
llueven sus plumas cada vez que sueñan.
Cuando se pisa el borde de una grieta,
se comienza a soñar;
la grieta es barranca del sueño,
en cuanto el que la siente
se aleja de aquella idea.
De vez en cuando, el transparente crece
y se lleva consigo a todo aquel descuidado.
Depreda sin intereses,
solo lo hace porque es un controlador innato.
Pero te pido ¡oh río!,
que te llevés a los que necesitan reencarnar,
a los que no deben aquí estar
porque solo te consumen y te dañan.
Pero al fin,
el fin es lo último de sí mismo,
y el comienzo de algo nuevo
¿Qué tal barranca,
si un día nos devorás a todos?
pero ninguna como una
que se abre en el llano,
como esa que sosiego parece.
Bella y grata expresión
que asemeja poesía pintada
en los conos entusiasmados
de aquel que la mira.
Y es que parece monotonía
porque verdor es su alrededor.
Elegantes los guarumos con tonos más opacos
“enseñoreadores” de la caída sin angustia.
Escribe y escribe, la vida su pasado,
por medio de signos de limbos y pecíolos;
y con el chorro de agua,
que hace más honda la grieta,
simplemente habla.
Pero cuando el río se enoja,
rompe contra el arcén de palos;
y empieza una música
que sólo la bailan los hidrofílicos y los ahogados.
La grieta tiene un pasado,
uno lleno de frondoso color;
verde era su amor; pero,
un día, la mayor parte alguien se llevó
Ya no hay más que tragar
cuando todo se lo engulló la “dueña”.
Los voceros de esta discontinuidad
llueven sus plumas cada vez que sueñan.
Cuando se pisa el borde de una grieta,
se comienza a soñar;
la grieta es barranca del sueño,
en cuanto el que la siente
se aleja de aquella idea.
De vez en cuando, el transparente crece
y se lleva consigo a todo aquel descuidado.
Depreda sin intereses,
solo lo hace porque es un controlador innato.
Pero te pido ¡oh río!,
que te llevés a los que necesitan reencarnar,
a los que no deben aquí estar
porque solo te consumen y te dañan.
Pero al fin,
el fin es lo último de sí mismo,
y el comienzo de algo nuevo
¿Qué tal barranca,
si un día nos devorás a todos?
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