ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
En suburbios de ciudad
en populoso y pobre
barrio de trabajadores
vivía un adivino
brujo también sanador
que se ganó mucha fama
por sus aciertos y curas
Esa ciudad ciertamente
distaba de la casita
donde vivió Baldarena
unas tres horas de viaje
pero su fuerte dolencia
(que no pudieron curar
los expertos consultados)
no sabría de distancias
si la fuerza del dolor
pudiera tener respuesta
en ese mago distante
supuso con esperanza
con reservas Baldarena
porque no era muy creyente
en esas curas extrañas.
El lugar a donde iba
por serle desconocido
y comentarios oídos
planteaba cierto temor
entonces para el viaje
buscó ser acompañado
por su vecino, Torbizo,
un tipo un poco raro
de esos que nunca faltan
porque saben de esas cosas
Partieron juntos en viaje
dos apenas conocidos
Torbizo nunca reía
y Baldarena tampoco
ya que en esa ocasión
no tenía un motivo.
Conducía Baldarena
en esa tarde nublada
y el misterio flotaba
en la cabina del auto
donde no se hablaba nada.
Llegaron casi de noche
al domicilio del mago
en un barrio peligroso
y más para forasteros.
Cuando se abrió la puerta
apareció esa mujer
que sin preguntarles nada
los invitó a la sala
y esperaron sentados
cuando a los diez minutos
con una barba canosa
entró un hombre muy alto
que sin mediar un saludo
se acercó a Torbizo
le susurró al oído
algo que no esperaba
porque lo estremeceió
¡Vámonos! Dice Torbizo
ante miradas atentas
de los otros dos que estaban
el brujo quieto de pie
y Baldarena sentado
De noche fue el regreso
y al tiempo del suceso
Baldarena se sanaba
y Torbizo el vecino
murió a las dos semanas
por extraña mal dolencia.
Baldarena se mudó
sin dejar rastro alguno
a lugar desconocido.
En cambio y por la costumbre
yo siempre vivo aquí
en suburbios de ciudad
un populoso y pobre
barrio de trabajadores
y suelo ser la mujer
que nunca pregunta nada
otras veces hombre alto
con una barba canosa
y también algunas veces
soy Torbizo el tipo serio
que es de poco hablar
y sabe de ciertas cosas…
en populoso y pobre
barrio de trabajadores
vivía un adivino
brujo también sanador
que se ganó mucha fama
por sus aciertos y curas
Esa ciudad ciertamente
distaba de la casita
donde vivió Baldarena
unas tres horas de viaje
pero su fuerte dolencia
(que no pudieron curar
los expertos consultados)
no sabría de distancias
si la fuerza del dolor
pudiera tener respuesta
en ese mago distante
supuso con esperanza
con reservas Baldarena
porque no era muy creyente
en esas curas extrañas.
El lugar a donde iba
por serle desconocido
y comentarios oídos
planteaba cierto temor
entonces para el viaje
buscó ser acompañado
por su vecino, Torbizo,
un tipo un poco raro
de esos que nunca faltan
porque saben de esas cosas
Partieron juntos en viaje
dos apenas conocidos
Torbizo nunca reía
y Baldarena tampoco
ya que en esa ocasión
no tenía un motivo.
Conducía Baldarena
en esa tarde nublada
y el misterio flotaba
en la cabina del auto
donde no se hablaba nada.
Llegaron casi de noche
al domicilio del mago
en un barrio peligroso
y más para forasteros.
Cuando se abrió la puerta
apareció esa mujer
que sin preguntarles nada
los invitó a la sala
y esperaron sentados
cuando a los diez minutos
con una barba canosa
entró un hombre muy alto
que sin mediar un saludo
se acercó a Torbizo
le susurró al oído
algo que no esperaba
porque lo estremeceió
¡Vámonos! Dice Torbizo
ante miradas atentas
de los otros dos que estaban
el brujo quieto de pie
y Baldarena sentado
De noche fue el regreso
y al tiempo del suceso
Baldarena se sanaba
y Torbizo el vecino
murió a las dos semanas
por extraña mal dolencia.
Baldarena se mudó
sin dejar rastro alguno
a lugar desconocido.
En cambio y por la costumbre
yo siempre vivo aquí
en suburbios de ciudad
un populoso y pobre
barrio de trabajadores
y suelo ser la mujer
que nunca pregunta nada
otras veces hombre alto
con una barba canosa
y también algunas veces
soy Torbizo el tipo serio
que es de poco hablar
y sabe de ciertas cosas…
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