1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

    !!!Te va a encantar, no te la pierdas!!!

    Cerrar notificación

Una lata con mierda de artista [cuento inconcluso]

Tema en 'Prosa: Generales' comenzado por Xinda, 13 de Diciembre de 2020. Respuestas: 0 | Visitas: 202

  1. Xinda

    Xinda Poeta recién llegado

    Se incorporó:
    24 de Octubre de 2020
    Mensajes:
    52
    Me gusta recibidos:
    52
    Género:
    Hombre
    UNA LATA CON MIERDA DE ARTISTA



    I


    Jaime escuchó que tocaban, abrió la puerta, <<¡Hazte a un lado, hazte a un lado, me estoy haciendo pipí!>>: dijo Helena, lo empujó para dirigirse al baño, y él cerró el departamento; tomó una cerveza del refrigerador, la destapó, se sentó en el sofá, bebió un trago largo, y se acostó; y lo atravesaron evocaciones sobre la borrachera de la pasada noche: una barra llena de metaleros bebiendo cerveza; Jaime, vestido con una sudadera blanca y un pantalón de mezclilla, y Doro, con ropa de metalero, bebiendo mezcal al costado de la barra; una chica preguntándole:<<Oye, tu acento. ¿Eres de Veracruz?>>; Jaime, Doro, y la chica brindando y bebiendo de un trago; y un estribillo gutural sonando: <<Mayhem / mayhem / mayhem in my head / mayhem in my head>>.[1] Además lo atravesó un olvido, que su mente visualizó como una grieta. <<¡Puta madre! ¿Ora qué hicimos?>>: pensó Jaime; y Helena se sentó en su abdomen.

    -No te duermas, ya vámonos, -le dijo.

    -¿A dónde? -él preguntó.

    -¡Cómo que a dónde! Me vas a acompañar al museo. Apúrate -contestó ella; Jaime la abrazó, la acostó en el sofá, puso la nariz en su pecho, percibió un tenue aroma de cereza, <<¡Ya bájate y cámbiate!>>: dijo Helena, lo empujó al suelo, y él se levantó para no caer; se vistió: se puso la sudadera blanca y el pantalón de mezclilla; una peste entró en su nariz, olió el cuello de la sudadera, se dijo: <<Apesta a skunk… ¿Qué se me olvido?>>, se quitó la sudadera, y se puso una chamarra café. Y lo golpearon gotas de angustia, caídas de la grieta. Pero recordó una licorera de tequila que tenía guardada, la tomó, la metió en su morral, se lo puso, y salió del departamento con Helena.

    Se detuvieron en un puesto de atoles: el vapor blanco de las ollas destacaba ante la opacidad del nublado día, la calle y los edificios estaban aceitosos por la reciente lluvia; Jaime compró un vaso de atole de chocolate y Helena de vainilla, se apartaron del puesto, y tomaron a sorbos para no quemarse; Jaime sacó el tequila, lo añadió al atole, y mezcló las bebidas; le preguntó a Helena mostrando la licorera: <<¿Quieres?>>, ella presionó el ceño con las cejas, <<¿Qué no puedes dejar de beber, animal?: preguntó, y extendió el brazo con el atole hacia Jaime; él rio entre dientes, le sirvió, y contestó a la vez que sonreía: <<Me quedan como dos caballitos…>>; mas dos rezagadas gotas de la lluvia cayeron en su frente, dejó de sonreír, imaginó la grieta, y lo golpearon gotas de angustia; mientras Helena mantenía el gesto y pensaba que él estaba serio por eso. Jaime se limpió la frente, guardó la licorera, bebió la mitad del vaso, tomó la mano de Helena, y dijo “vámonos”.

    Se dirigieron al metro, llegaron, caminaron por un andén, y entraron en un vagón de colores difuminados, también liberaba hedor a sudor añejo y los asientos estaban llenos; Jaime se recargó en la puerta opuesta a la puerta por la que entraron, jugaba con el vaso de atole vacío; Helena se paró frente a él, Jaime enganchó una presilla del pantalón de ella con el dedo corazón, la jaló, y se abrazaron; el metro comenzó a moverse, Helena se apartó de Jaime, él preguntó:

    -¿Por qué vamos a esa exposición?

    -Es que vale el veinticinco por ciento de mi calificación final -contestó Helena.

    -¿Entonces no te interesa? -preguntó Jaime.

    -No -respondió ella.

    -Ojalá te interesara -dijo él.

    -Tú ni querías venir, ni te acordabas de acompañarme -dijo ella con cierto tono de reproche.

    -¿Cómo me iba a acordar si estaba crudo y medio borracho? Estoy -él dijo con descaro, Helena no respondió, hubo un silencio de segundos, y tranquilamente agregó-. La exponen hasta enero, por eso no me preocupaba ir tan pronto, pero sí me interesa.

    -¿Por qué? -preguntó ella.

    -Porque quiero ver una lata con mierda (!) de artista -él contestó.

    -Ya deja de molestar, ¿sí? -dijo ella poniendo gesto de cansancio; con una alegre mezcla de sarcasmo y literalidad, Jaime respondió: <<No, no estoy molestando; es la verdad>>; Helena puso una cara inexpresiva, miró a los lados, se colocó al costado de él, comenzó a buscar algo en su bolso; <<¿Qué buscas?>>: Jaime preguntó, ella no contestó, y él pensó: <<Ya valió>>; Helena dejó de buscar, abrazó el bolso, miró hacia enfrente, sacó un libreta, y empezó a leerla; Jaime no intentó preguntar más, miró el verde aminorado de los asientos y el brillo percudido de los pasamanos, suspiró por nostalgia de los colores vivos, y contempló ese sentimiento. Hasta que lo asaltó la visión de la grieta: en ella observó una gota hirviente de angustia y observó su caída; y recibió su golpe y el golpe de otras gotas. Jaime arrugó la cara y susurró: <<¿Qué hice?>>; intentó recordar, sólo pudo evocar una imagen del mezcal, una de Doro, una de la barra, y la palabra “mayhem”; cinco veces repasó las imágenes y pronunció la palabra con su voz interna; las imágenes se desvanecieron, así que pronunció dentro de sí: <<Mezcal, Doro, barra, mayhem; mezcal, Doro, barra, mayhem; mezcal, Doro, barra, mayhem…>>; y recordó a la chica que se interesó en él por su acento. Miró a Helena, él mismo se preguntó: <<¿Le puse el cuerno?>>, y se respondió: <<No; si fuera eso ni estuviera preocupado>>.

    La angustia ardía e iba a ahogarlo. Respiró profundamente para relajarse. Todo siguió igual. Agachó la cabeza, tapó su cara con una mano, se dijo: <<Ya, güey, ya. Váyase todo a chingar a su madre>>; sacó la licorera, se sirvió, bebió la mitad, sintió un picor gustoso en la lengua y la garganta; Helena prestó atención a Jaime cuando bebía, estaba indolente, continuó leyendo; él bebió la otra mitad, bajó los párpados, percibió el recorrido del tequila hasta el estómago, respiró con hondura; levantó los párpados, los colores del vagón le parecieron vivos; bajó los párpados, contempló la oscuridad, pues la grieta había desaparecido y la angustia se diluía.



    [1] Terrorizer. (2006). Mayhem. En Darker Days Ahead [CD]. Dortmund, Germany: Century Media Records.
     
    #1
    Última modificación: 10 de Enero de 2021

Comparte esta página