BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Parece que no tienes voz.
Se acumulan en ti, terciopelos
desgarrados, columnas abotargadas,
piedra de pie, informe y seco.
El eco será tu futuro.
Insomne meditas, crepitas
luego junto al fuego, muestras
lagos en la llama del día.
El eco insiste, es natural nadador,
de antiguas leyendas, el hereje conservado,
manufacturado, la traición insigne que
fabricaste, anterior al depósito de sales.
Será la tensión, la intensidad
las que proporcionen nueva naturalidad
a tus gestos y expresiones comedidas:
asuntos cotidianos, liviandades rusas.
El ejercicio de tu voz, proclamado,
reanuda el circo elemental de tu hostil
movimiento. Finges eternidad
cuando, y de repente, presumes
de tanto barco repetido, hundido, tumefacto.
Y hay tanto silencio. Como en un hueco
de puros fósiles, el mineral de acero, gestiona
tu índice material y vernáculo. Atraviesa
como un foco de radiaciones, el tumulto
de raíces que en los manantiales espera.
Presa ya del delito, el mineral y el yeso
oscurecen los labios sin propósito-.
Se acumulan en ti, terciopelos
desgarrados, columnas abotargadas,
piedra de pie, informe y seco.
El eco será tu futuro.
Insomne meditas, crepitas
luego junto al fuego, muestras
lagos en la llama del día.
El eco insiste, es natural nadador,
de antiguas leyendas, el hereje conservado,
manufacturado, la traición insigne que
fabricaste, anterior al depósito de sales.
Será la tensión, la intensidad
las que proporcionen nueva naturalidad
a tus gestos y expresiones comedidas:
asuntos cotidianos, liviandades rusas.
El ejercicio de tu voz, proclamado,
reanuda el circo elemental de tu hostil
movimiento. Finges eternidad
cuando, y de repente, presumes
de tanto barco repetido, hundido, tumefacto.
Y hay tanto silencio. Como en un hueco
de puros fósiles, el mineral de acero, gestiona
tu índice material y vernáculo. Atraviesa
como un foco de radiaciones, el tumulto
de raíces que en los manantiales espera.
Presa ya del delito, el mineral y el yeso
oscurecen los labios sin propósito-.