Una simple enfermera

Tema en 'Poemas Melancólicos (Tristes)' comenzado por marilel, 2 de Octubre de 2009. Respuestas: 0 | Visitas: 18256

  1. marilel

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    2 de Octubre de 2009
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    Una simple enfermera...
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    Ayer a las 13:23

    El 21 de Noviembre es el día de la Enfermera, en conmemoración del día de la Virgen de los Remedios. Anoche escribí una poesía, un poco motivada por esto y porque ayer se jubiló una compañera a quien aprendí a valorar, y me enseñó a ser enfermera...Para Normita y para todas mis colegas y compañeras, este poema:



    Una simple enfermera


    Entró a trabajar un día, a poco de recibirse
    la vieron como dudando entre quedarse o irse.
    Aprendió con rapidez y se afianzó en su sector
    al día más apagado ella le daba color…
    Compañera, respetuosa, de principios y aplicada
    le gustaba darlo todo, ella nunca se cansaba.
    Puntillosa como pocas, de palabras acertadas
    y cuando tenía franco “sus” pacientes la extrañaban
    Si un familiar le decía “doctora, esto cómo era..?”
    ella apurada aclaraba, "yo sólo soy la enfermera…"
    Esa frase se escuchaba de sus labios con frecuencia
    no permitía las dudas, aclaraba con vehemencia!
    Atendía presurosa el sector que le asignaran
    el sexo, la edad o clase no importaban para nada
    Todos eras “sus” pacientes apenas los conocía
    aunque fueran demandantes a todos los consentía
    Un día entró una paciente que no tenía familia,
    con el tiempo pasó a ser la querida abuela Emilia.
    La atendía asegurándose de que nada le faltara
    la paciente agradecida, se notaba en su mirada!!
    Hasta que llegó la hora, Emilia desmejoraba
    era un paso natural, ella misma lo esperaba...!!
    Y cuando Dios el Eterno de llevarla tuvo antojo
    ella, la simple enfermera fue quien le cerró los ojos…
    El tiempo tan inflexible, su paso volvió cansino
    pero no se daba cuenta, no apuraba su destino.
    Por las manos temblorosas y el cabello encanecido
    era fácil descifrar el camino recorrido
    Un día anunció con pena que pronto se jubilaba
    se notaba su amargura, su carita consternada.
    Le dijimos que era bueno, que ella se lo merecía
    que ese descanso era el premio por honrar tanto la vida.
    Un día entró de paciente, envejecida, cansada.
    de buen humor como siempre y con su límpida mirada.
    Y cuando Dios El Eterno quiso llevarla a su antojo
    fue otra simple enfermera la que le cerró los ojos…

    Beatriz M.E. STELLA
     
    #1

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