Una tarde observando mi fiesta...

Armando Gómez

Poeta recién llegado
Montaña de estrés en un cigarrillo
Convertida en humo, me permití sentirla
Era mi riesgo, mi forma, mi no ser
Y volví sonriente a la fiesta

El paisaje miraba liso, mi tóxica visión
Mi sobras hacían relieve de tranquilidad
Mi silencio le daba color al ruido
Y mi paz acomodo mi caos con pulcritud

Los conceptos agonizaban de la mano
Las frecuencias nacían, y me encontraban
Se fue el sentido, y quedó un torpe baile
Amable baile

Así siguió la noche, intacta, pero sentida
Clara, donde las nubes sólo eran parte del lugar
Las sombras no eran de los otros, tampoco mías
Mis demonios no se sintieron únicos

El patio exclamó un discurso emocional
Que en lugar de lágrimas, inauguró una nueva tristeza
No insípida, sino con un motivo
Y así, con noción, persigne la muerte de mi apariencia

El camino continúa fangoso, lleno de maleza
Y mi machete sin filo, invita a mis manos
Arrancar de raíz, y sembrar instinto
Arrancar existencia, y cultivar planicies

Nuevos desiertos, para conformar lindas tormentas
Que traigan arcoíris que hablen
Que se vayan cuanto tengan que irse
Y que no vuelvan, porque se hicieron uno con tus ojos

El reloj que destrozé, me marcó la hora
Mis granos de arena, se los llevó el viento
El viento, me calentó, y me presentó al frío
Y el frío, me tiene sin ningún cuidado...
 
Un poema de tinte surrealista que complace leer con detenimiento.

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