Nommo
Poeta veterano en el portal
Siempre estamos a la expectativa,
por ver si llueve a cántaros, en nuestros campos.
¡ Por supuesto que competimos ! Pero quien hizo la ley, hizo la trampa.
Resulta que no hay que llegar primero, sino que hay que saber llegar.
Una piedra en el camino, me dijo que mi destino era rodar y rodar.
Rodar, rodar y rodar películas de cine.
¡ Luces, cámara y acción !
Nacen, de la panza del guionista, los papeles secundarios, y el protagonista.
Incluso la circunstancia de cada cuál. Sus gestos y sus vestimentas. El decorado...
Y algunos diálogos, que nunca están de más.
El antagonista, que se opone al triunfo de nuestro héroe.
Ya que lo bueno no es gratis.
Siempre, algún precio hemos de pagar.
Admiramos, entonces, al bravo elegido. Ha de tener algún defecto visible, para el espectador.
Asignaturas pendientes, en esta vida. Mas tampoco ha de ser descaradamente anormal.
¡ Fascinante ! De ensueño...
Pues si no, podrá ser noble, pero resulta demasiado pequeño.
Y el respetable público no aguanta más.
Para engancharle, necesitamos vida palaciega. Como en las revistas del Corazón.
por ver si llueve a cántaros, en nuestros campos.
¡ Por supuesto que competimos ! Pero quien hizo la ley, hizo la trampa.
Resulta que no hay que llegar primero, sino que hay que saber llegar.
Una piedra en el camino, me dijo que mi destino era rodar y rodar.
Rodar, rodar y rodar películas de cine.
¡ Luces, cámara y acción !
Nacen, de la panza del guionista, los papeles secundarios, y el protagonista.
Incluso la circunstancia de cada cuál. Sus gestos y sus vestimentas. El decorado...
Y algunos diálogos, que nunca están de más.
El antagonista, que se opone al triunfo de nuestro héroe.
Ya que lo bueno no es gratis.
Siempre, algún precio hemos de pagar.
Admiramos, entonces, al bravo elegido. Ha de tener algún defecto visible, para el espectador.
Asignaturas pendientes, en esta vida. Mas tampoco ha de ser descaradamente anormal.
¡ Fascinante ! De ensueño...
Pues si no, podrá ser noble, pero resulta demasiado pequeño.
Y el respetable público no aguanta más.
Para engancharle, necesitamos vida palaciega. Como en las revistas del Corazón.
Última edición: