El problema surge cuando el poeta en cuestión tiene que explicar su propio poema.
Esto es, un texto en condiciones se presta a múltiples interpretaciones.
Este texto transmite, por lo tanto, un orden caótico.
Me explico:
Para el autor todo tiene sentido, pero el lector se ve obligado a desistir y convertir su lectura en un interrogante, puesto que el poeta en cuestión no comparte, porque no sabe o porque no quiere, la visión espacial, la esencia que permita al lector ver las cosas como él.
Esto es, tienes la fórmula mágica de tus letras, tus letras tienen la fórmula mágica, pero no surten efecto.
Esto es, el texto en sí tiene sentido, pero no esencia.
Tiene gancho, pero no enfoque.
Tiene tras de sí, por lo que conozco de tu escritura, un creador con principios, pero dichos principios impiden que el escritor en cuestión alcance su propia voz.
Esto es, la diferencia entre aprender a crear y crear consiste en tener en cuenta todos los porqués de la mente, el porqué escribo como escribo, y esas cosas.
Pero el distanciamiento entre escritor y texto, entre escritor y lector, en este caso, tiene que ver solo con el convencimiento de que la escritura solo sirve para lucirse.
Me explico:
Si uno escribe para el lector, perderá la conexión con el propio lector, por la simple razón de que realmente no aprende nada de sus textos, por muy filosóficos que sean.
Siempre "enseñará" lo mismo, una y otra vez.
La escritura en sí es el arte del aprendizaje, no de la recreación.
Habrá lectores que vean en dichos textos una profundidad y sabiduría probablemente indiscutibles, pero si el escritor en cuestión aprendiera de sus textos, no se conformaría con aparentar que lo sabe todo.
Me explico:
Uno escribe textos para sí mismo, no para el lector.
Ésa es la única manera de evolucionar.
No evolucionará jamás la escritura basada en principios, por el mero hecho de que un hombre anclado a sus principios no será jamás capaz de abrir la mente lo necesario como para conocer y reconocer su propia ignorancia.
Esto es, te crees sabio porque crees que tienes las ideas claras, pero el escritor universal no es otro que aquel capaz de distinguir la sabiduría de la ignorancia.
Esto es, utilizar la escritura para lucirse no es más que una descarga emocional, un síntoma de impotencia ante la imposición del entorno sobre las ideas del hombre en cuestión.
Así pues, sus creencias existen solo en el papel.
Y es que el mundo no es una libreta.
Pero el hombre aprendido y sabio es aquel que se ha cuestionado todo antes de decantarse por un estilo.
Aquel que ha probado una tras otra todas las esencias de la vida.
Aquel que se ha comportado conforme a lo aprendido.
Esto es, tus textos lucen, son sucedáneos de un ego reprimido.
Pero pueden pasar por auténticos por el mero hecho de que el hombre busca su lucidez.
Al hombre le encantan los shows.
Pero el poeta que no suscita polémica en ni un solo texto es un poeta inservible.
Un poeta que escribe para complacer.
El poeta que va más allá es el que piensa diferente, no por voluntad, sino por haberse esforzado incansablemente en abrir su mente.
Para mí estos textos no tienen valor, porque son textos basados en creencias, y las creencias atrasan la evolución del hombre.
El único hombre que evoluciona es aquel capaz de no creer en nada.
Esto es, no creer en Dios, ni mucho menos en el bien o el mal.
Aquel que cree en Dios solo manifestará conductas enfocadas al bien, pero... ¿Cuál es el bien?
¿Regalar un texto sin mirar adónde?
La perfección existe solo en lo que el escritor en cuestión puede trascender.
Lo demás es asunto de bufones.
De todas formas, para aprender a escribir basta con escribir sobre tus inquietudes.
Reconocer que las tienes, para empezar.
Y luego, si acaso, resolver el conflictivo devenir de tus principios.
No pueden convivir con la raza humana, porque la raza humana no cree en tus principios.
Por mucha teoría que sepas, nunca dejarás de ser un escritor mediocre si no aprendes a dudar de todo lo que el hombre ha escrito, dicho, hecho.
Y es que solo así se consigue la propia voz.
Lo demás son pájaros en la cabeza.
Un escritor de verdad sabe que crea cuando crea.
Esto es, cuando escribe algo nacido únicamente de sí mismo.
Esto no es una obra ni una creación, sino tu propia máscara.
¿Te gustaría un mundo mejor, y no sabes por dónde empezar?
Empieza por no implicarte en las emociones, sino en el pensamiento.
Por no buscsr la gloria sino el tormento.
Así es como se siente, cómo se mastica el mundo.
Sabrás que tu mente está preparada cuando asumas el vacío, la no existencia de Dios.
La no creencia.
Porque Dios es un concepto universal.
Pero el hombre es un concepto abstracto.
Y como tal, el hombre está por descubrirse.
Si sigues escribiendo así nunca moverás masas, porque para ello es completamente necesario saber en qué mundo vivimos.
En un mundo caótico.
De histeria colectiva.
Debes adecuar, por tanto, tu escritura a los tiempos que vives.
Aquí los principios no valen nada.
Además de ello, escribir conforme a ellos es imposible porque tú no escribes conforme a tus principios, escribes conforme a la voluntad ajena.
Así montas tu circo en cada texto.
Alardeas de profundizar en ti mismo, pero no puedes engañar al lector.
Alguien que ha profundizado en sí mismo, o que alardea de hacerlo, no sacia su sed de intelecto con una función en verso.
Alguien que profundiza en sí mismo va mucho más allá.
Esto es, aplica su conocimiento a sus textos.
Pero el que no ha adquirido dicho conocimiento, tan solo lo aparenta.
La cuestión es que vive engañado y engañando.
Tus textos nunca son objeto de debate.
Para debatir sobre algo es imprescindible prestarse a la opinión ajena, y tú cierras tus textos con una certeza universal digna de un Óscar.
Ya termino.
Solo pretendo aliarme contigo.
Que conste en acta.
Si quieres seguir anclado en la duda existencial que lacra al hombre...
El hombre no es un show.
Y lo aprenderás cuando empieces a admitir que no lo sabes todo.
Y menos a través de pensamientos ajenos a los tuyos y teorías inútiles, puesto que las teorías no se demuestran, sino que trascienden.
El resto son chuminadas.
Es por ello que nadie sabe nada de nada.
Nadie cree realmente que el hombre pueda pensar por sí mismo.
Y es que solo Dios ha partido la humanidad en dos.
Solo el hombre puede abrir la mente hasta erradicar a Dios.
La idea de perfección es posible.
Pero el hombre debe cuestionárselo todo.
Absolutamente todo.
Incluso su propia naturaleza, puesto que la evolución del hombre no depende del tiempo, sino de su propia mente.
Por ahí empezaría yo.
Cambia tu tendencia, hazme caso.
Yo sé lo que quieres.
Y ésta que te dije es la única manera de conseguirlo.
Y si no lo consigues, será porque no sirves para valorarte más a ti mismo que al reconocimiento de un estilo no definido.
Valórate, coño.
Y sabrás y sentirás dentro de ti que realmente has encontrado tu sitio.
Y de ahí no te moverá nadie ni nada.
Simplemente porque cuando dejas la duda atrás, la única duda, el único miedo que existe, que no es otro que el miedo y la duda existencial -la no certeza está relacionada con la aceptación de Dios-, superas la barrera que eterniza el poder de la mente.
Esto es, dejar atrás lo que Dios o la ilusión del poder quería que fueses.
Solo para vivir conforme a ti.
Al máximo de tu potencial.
Y te darás cuenta de lo verdaderamente importante:
Todo se supera con la mente.
Incluido el miedo a la muerte.
Porque la mente es la herramienta infinita del hombre para completar el universo.
Porque el universo está en nuestra mente.
Esto es, lo imaginable es también parte de la realidad.
Lo único que distingue una utopía de la realidad es la idea de imposibilidad.
Pero la imposibilidad existe por la idea de Dios.
Nadie puede garantizar un mundo perfecto, pero sí posible.
Me explico:
La posibilidad o la imposibilidad dependen de la experiencia.
Y la experiencia depende del pensamiento.
Anular los pensamientos de ese tipo es factible, ¿no?
Pues con el mundo sucede algo parecido. Está inmerso en un caos.
Pero la mente del que piensa por sí mismo va por libre, puesto que asume cualquier circunstancia.
Tiene lo suyo tan claro que podría pasar incluso por encima de Dios.
Y es que pasa por encima de Dios.
Y es que para pasar por encima de Dios basta con llegar a la conclusión de que no existe.
Es entonces que el hombre asocia la perfección al hombre, y no al concepto universal de Dios.