Una vieja voz, un parque solitario

Évano

Libre, sin dioses.
La gente se marchó doce horas atrás, pero Feliciano continuaba cantando a las luces amarillas del redondo parque, a los álamos que acompañaban al río a sus espaldas, a la noche, y a un bar de mesas y sillas recogidas.

Cuando fueron a desayunar los del pueblo, un sábado de misa por ser San Isidro Labrador, aún seguía con sus movimientos rítmicos, una voz aceptable, y unas letras del año de vete a saber cuándo, leída de una libreta gorda que sujetaba con su mano derecha mientras bailaba. Quién diría que tiene setenta y ocho años, se oyó comentar desde la barra del bar, que daba al aire fresco de la mañana.

Cantaba fatal, esa es la verdad, pero con ilusión, para sí, para sus ojos alegres y tan levemente azulados que dejaban ver su interior. Escaso pelo cano, ojeras complementando la delgadez corpórea, una camisa de rayas blancas y negras y una chaqueta, restos descoloridos de lo que había sido un frac. Se mueve así por el frío, sino se hubiera congelado, dijo el mismo desde el mismo lugar. Artista, que eres un artista, Feliciano ja, ja, ja...

Desayunaron y se fueron a misa; luego volvieron al vermut y se marcharon otra vez hasta la partida de tute o de mus de la tarde para retornar al concierto de la noche. El domingo ocurrió algo semejante y Feliciano cantaba y bailaba como el viernes, cuando empezó.

Cada año, por San Isidro Labrador actuaba gratis, desde hacía cincuenta años, para sí y como homenaje a su madre fallecida cuando estaba embarazada del que iba a ser su único hijo, una madre soltera, violada a finales de la guerra civil.

Feliciano no nació en ese pueblo, por lo que nadie conocía la historia. Pero aún así, era la mofa anual, el hazmerreír del pueblo.

Nunca supo que alguien, tras los álamos de la vera del río de sus espaldas, pasaba ese fin de semana escuchándolo, sin reírse, sin mofarse, respetándolo y disfrutando con las letras vivas de un pasado donde cada palabra contenía la esencia, y la maldad de la vida.
 
Última edición:
Escrito con una gran sensibilidad compañero, no cabe duda al leerte
que dentro de ti hay un verdadero literato
y un hombre con una sensibilidad a flor de piel.
Un saludo y un abrazo de amigo.
 
Escrito con una gran sensibilidad compañero, no cabe duda al leerte
que dentro de ti hay un verdadero literato
y un hombre con una sensibilidad a flor de piel.
Un saludo y un abrazo de amigo.
Por el tipo de narrativa, haces que la lectura sea agradable. Me quedé con los deseos de saber quién es el personaje oculto. Un placer pasar a leerte y dejar mi firma. Saludos.

Me gustaría decir que el personaje oculto soy yo, pero no, Feliciano tocó en la soledad absoluta.

Gracias compañeros por sus pasos entre mis letras.

Les mando un abrazo cordial.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba